El programa lo hace Bruselas

Si los programas electorales sirven de bien poco- los programas se hacen para no cumplirlos, dijo Enrique Tierno– en esta época de grandes turbulencias, con el centro de gravedad en Bruselas y el Peloponeso, las recetas de los partidos con la vista puesta en el 20-N son ,simple y sencillamente, papel mojado.

El supuesto contrato electoral que firma el candidato con el elector y por mucho que alguno, como Artur Mas, fuera al notario para protocolizarlo, no tiene ni un solo grado de ejecutividad ni medio alguno el elector para exigir su cumplimiento. La democracia es un sistema de opinión pública y el ciudadano  ejerce su derecho de reprobación en la elección siguiente. Por eso las elecciones las pierden los gobiernos y no las ganan el candidato desde la oposición, aunque haya elaborado el mejor programa electoral. Unos programas electorales que no lee ni el 1 por ciento del censo electoral.

El candidato socialista se equivoca si pretende hacer un debate con Rajoy en base a programas electorales. La mercadotecnia electoral más avanzada, la que se practica en las elecciones norteamericanas, simplifica mensajes, centra el foco  de atención en el candidato, en su lenguaje corporal ,en su imagen y su pasado y busca la empatía con los ciudadanos que están en los espacios intermedios  de los indecisos.

La historia electoral en nuestro país demuestra ,empíricamente, que los dos grandes partidos concentran  desde los primeros tiempos de nuestra democracia más del 80% del voto, sin que ninguna fuerza haya conseguido articular una tercera vía con una proyección real y constante. Por tanto, unos 20 millones de electorales tienen decidido su voto con anterioridad a la campaña electoral y le es irrelevante lo que diga la letra pequeña de los programas electorales. Votan en función a la percepción de quien protegerá más sus intereses, de las experiencias que ha tenido con el gobierno ,de su identificación con la marca del respectivo partido, de la comunicación con el candidato  e incluso por rechazo al contrincante. Y queda un resto de un millón y medio a dos millones de votantes que pueden decidir votar o no  y el sentido de su voto  en base a lo que se diga en la campaña electoral.

El gran reto de las elecciones del 20-N es que todo lo que pueda hacer el Gobierno que resulte elegido está referenciado a la solución de la grave crisis europea de la deuda. Por tanto, el  programa está en Bruselas, pasando por Berlín y Paris y con una parada en Atenas. Con un apartado común en el programa del PP y del PSOE: hay continuar haciendo reformas que conduzcan al objetivo de reducción del déficit público primero y al crecimiento económico después, que obviamente está vinculado a la recuperación económica de Europa y de la economía Norteamericana.

A nuestros socios europeos y al BCE les es indiferente nuestro modelo territorial, si hay 17 comunidades, 8.000 ayuntamientos o diputaciones provinciales. Tampoco opinan sobre los modelos de contratos de trabajo, los convenios colectivos, las televisiones autonómicas o el número de diputados, senadores, consejeros y concejales que tiene nuestro sistema político, Lo que les preocupa es nuestra solvencia, nuestra capacidad de pago y las cifras de nuestro crecimiento económico. Lo que nos exigen es que cuadremos nuestras cuentas.

El programa que ha presentado Rajoy es exhaustivo, demasiado largo y debería hacer un esfuerzo en la campaña para sintetizar su oferta electoral en una o dos frases. No hay en este momento margen para definir objetivos concretos. La prioridad ,quiera o no  Rajoy y quiera  o no  Rubalcaba, será viajar a Bruselas, garantizar el cumplimiento de los compromisos y llevar una nueva agenda de reformas que garanticen  la estabilidad presupuestaria. Estabilidad presupuestaria, reformas, seguimiento del modelo europeo, rigor económico, seguridad jurídica y concentración plena del Gobierno en el cumplimiento de estos objetivos. Lo demás es accesorio y, si se puede, se llevará a cabo en el tercer año de la legislatura.

Rubalcaba está haciendo un considerable esfuerzo en desligar su oferta electoral del Gobierno saliente y en presentar un modelo propio que se confronte con el Partido Popular de Rajoy. Pero, por mucho que lo repita no debe engañar a los ciudadanos afirmando que hay dos modelos de sociedad alternativos. Aquí solo hay un modelo posible-el modelo europeo- y la decisión de quien gestiona la segunda parte de la crisis. Si Rajoy o Rubalcaba. Dos hombres y un único destino.

2 comentarios
  1. Ciudadano says:

    La terapia que hasta ahora se ha aplicado no ha resuelto el problema. Cierto. Por doloroso que resulte la solución para ellos y para nosotros es dejar de suministrarle drogas y amputar el miembro antes de que su gangrena acabe con todo el cuerpo.
    Desde la admiración y el respeto. Saludos

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