Agenda del día después

La agenda del nuevo Gobierno está ya establecida. Las tres principales cuestiones que van a marcar los primeros cien días del partido que gane las elecciones están señaladas. El problema del crecimiento de nuestra economía que es el único camino para la creación de empleo, incluye, por lo menos, los epígrafes de la reforma laboral, la reforma fiscal, las cotizaciones sociales, la reforma de los convenios, la culminación de la reforma financiera de las Cajas y las políticas activas de empleo y de inversión pública con el objetivo de impulsar el crecimiento económico.

La reforma de las Administraciones, con la delimitación competencial de Comunidades, Ayuntamiento y Diputaciones y su estructura fiscal, conforma el segundo gran capítulo de la Agenda. El modelo territorial está económicamente quebrado y la disyuntiva no es otra que aplicar una profunda cirugía o poner en riesgo el estado del bienestar y la solvencia financiera del Estado.

El tratamiento político del día después de ETA, con la presencia en Madrid de la izquierda abertzale, tras la declaración del 20 de octubre, abre un escenario totalmente nuevo en la relación del poder de Madrid con los partidos nacionalistas, de Euskadi y de Cataluña.

CiU y PNV, situados en la teoría política en la proximidad del Partido Popular, acentuarán su posición reivindicativa con el objetivo de reafirmar su identidad nacional y reclamarán avances en un escenario sin violencia.

Rajoy tendrá ante sí el reto de administrar la respuesta del Estado. Para ello es indispensable un acuerdo entre los dos grandes partidos, de modo que la unidad que ha existido frente a ETA, con incomunicaciones, incidencias y salidas de tono diversas, debe mantenerse en la gestión del día después. La nueva situación presenta muchas incógnitas y no va a convertirse por arte de magia en un parque de atracciones.

De las numerosas declaraciones que se han hecho, la realizada por el lehendakari Patxi López ha sido especialmente brillante. El papel que está jugando con Antonio Basagoiti en la normalización del problema vasco no se está valorando con todo su merecimiento. Un modelo de colaboración inteligente, con dificultades derivadas de la intervención de terceros desde Madrid y desde el País Vasco, pero que está marcando un cambio de rumbo en la historia de Euskadi.

Rajoy se ha instalado definitivamente en el centro político. Su reivindicación de Aznar es un acto de justicia a la persona que impulsó su carrera política Y la mención a Adolfo Suárez representa una voluntad firme de conectar con el mejor proyecto que se consumió en el tremendo esfuerzo de la transición y el encauzamiento democrático de amplias capas de la sociedad española. Es un paradoja que Rajoy, pata negra en el PP, haya sido capaz de reconvertirse en un líder reformista y moderado mientras que otros compañeros de partido que provenían de la UCD, se han derivado hacia posiciones más radicales. En la política no basta con proclamarse centrista y liberal, sino que hay que practicarlo diariamente.

El PP está inmerso en una segunda refundación desde el Congreso de Valencia. El acierto de Rajoy ha sido mover el partido hacia el centro con escaso rozamiento, sin provocar ruido innecesario, con suavidad, pero con determinación. Y lo ha hecho con un modelo de trabajo interno, sin necesidad de incorporaciones estelares, marcando una identidad corporativa nueva.

Ahora tiene que trasladar ese modelo al Gobierno que, también, debe tener una voluntad reformista decidida y una capacidad de diálogo y de pacto constante. Los problemas de este país son de tal envergadura que necesita una segunda transición, en tiempos más maduros, con menos juvenismo ilusorio y más realismo y flexibilidad.

El PSOE tiene que ser capaz de hacer su refundación. El resultado electoral, según las encuestas, puede situarle en la banda de 125 a 135 diputados y con un proceso de imputación interna de responsabilidades que hará sangrar las heridas políticas que están abiertas. El modelo Zapatero está amortizado y el liderazgo de Rubalcaba tiene, hoy por hoy, muchas dudas sobre su continuidad. Más que un candidato se ha buscado una red de seguridad para suavizar el efecto del batacazo.

Rajoy tiene que ser generoso con sus opositores. La concentración de poder en el Estado, Gobierno, Autonomías y Ayuntamientos no va a tener precedente en los 33 años democracia.

Si consigue la integración, la situación política y económica mejorará más rápidamente y España reforzará su marca internacionalmente. Entre el estilo Mourinho y el de Guardiola está claro que debe optar por este último, ya que se pasan más el balón, aunque, además, es necesario meter goles.

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