Un país con los brazos caídos

La convención de Málaga del PP marca el fin de semana de la actualidad política en un ambiente en el que se han remansado algo las aguas financieras con la barra libre para las entidades bancarias anunciada por el BCE. El interbancario no está funcionando con la fluidez mínima necesaria y las mesas de tesorería de los Bancos se las ven y se las desean para garantizar los equilibrios de liquidez. Consecuencia, nuevo cierre en la concesión de préstamos que impactará sobre las cuentas de resultados de las propias entidades. Y llega la ronda de fusiones bancarias, con el Popular que se come al Banco Pastor, debilitado por la crisis y su pequeño tamaño.

En todo caso, la sensación de parálisis e incertidumbre en la economía española y la ausencia de un horizonte próximo de recuperación  pesa, duramente , sobre la ciudadanía que  ha visto como han repuntado las cifras de paro ,con un crecimiento espectacular en el sector de servicios, el último reducto del trabajo estacional. Ya no es posible más caída de actividad en el sector de la construcción que está en el fondo del pozo y la industria sufre una  bajada significativa en la cartera de pedidos, hundido el sector del automóvil. Gráficamente, el país está con los  brazos caídos.

El enfermo, la economía española, cada vez tiene más bajas las constantes vitales y mira a las elecciones del 20-N como el último clavo al que asir alguna esperanza, en medio de una situación que ,día a día, es más grave.

La agencia Fitch ha rebajado la solvencia del Reino de España después del cierre de la Bolsa. Los ataques de nervios por las calificaciones de las Agencias se han moderado tras un verano, en el que la saturación de calificaciones  ha abierto las  páginas de noticias. Una patada más estaba ya descontada por los mercados y no parece que deba trasladarse trágicamente al mercado de deuda la próxima semana, ya que nos dan mejor nota que al Reino Unido y a Italia

En el fin de semana, las convenciones de los partidos, como un acto de trámite de una campaña electoral demasiado larga, empezaron antes del verano, tan esclerotizada como siempre y con la intención de los responsables de comunicación  de colocar algún titular que capte votos. Las propuestas de PP y PSOE se suceden sin mucho entusiasmo y desaparecen al día siguiente sustituidas por una nueva, en un popurrí difícilmente inteligible para el ciudadano, a quién nadie le dice como salimos de esta grave crisis en la que estamos.

El PP sale al terreno de juego con las elecciones ganadas, pero el PSOE le ha abierto la herida de los recortes en la educación y ha sembrado dudas sobre los costes sociales de la gestión de la crisis que impondrá Rajoy. El PSOE,  deshilvanado por el final de Zapatero e inmerso en la pelea interna de los puestos de salida de la listas electorales, ha llamado a los antiguos coroneles y al propio general González para  salvar un resultado que algunos incluso sitúan en el que obtuvo en 1982 el PSOE, pero ahora con los colores del PP.

El intenso desánimo en las filas socialistas, descontando un catastrófico resultado, puede ser excesivo. La clave está en la participación del 20–N. Si el porcentaje de votantes está por debajo del 68%, la victoria del PP alcanzaría la mayoría absoluta. En las dos últimas convocatorias ,2004 y 2008, la participación superó el 75% y marcó casi la  misma diferencia entre ambos partidos,16 y 15 diputados respectivamente.

Los  bloques electorales en España son grandes magnas distribuidos entre los dos grandes partidos y se han movido siempre con una  cierta previsibilidad. Agotado un Gobierno, cumplido el capítulo de errores, el proceso de cambio se inicia con una cierta parsimonia, pero  con una tendencia imparable y sin generar vuelcos espectaculares, salvo el que tuvo lugar en 1982, influido sin duda por la crisis de UCD, transmitida con toda crudeza hacia el exterior.

Haría mal el PP si plantea una estrategia anticipadamente triunfalista. Necesita mantener la movilización de su electorado y la desmovilización de los votantes socialistas. El conflicto de los profesores de educación, la reducción de servicios sanitarios y los discursos tremendistas, se confronta con la imagen de Rajoy como un Presidente que tiene un programa de centro y va a  gobernar desde la moderación. El centro es el espacio que siempre ha dado la victoria al partido que lo ha sabido ocupar.

Por ello, la propuesta que el viernes ha lanzado el PP  en la Convención, anunciado una nueva reforma del Código Penal, la n+1, proponiendo la prisión perpetua revisable, está fuera del interés de los ciudadanos. Ni está en la opinión pública ni está en el centro de los problemas de la Justicia, anquilosada en una organización y estructura decimonónica.

Hoy, solo hay una cuestión en la cabeza de los españoles: empleo y economía. Rajoy sabe que todo lo demás importa poco y no quiere contar toda la cirugía que tiene que practicar. El objetivo es volver a una cierta normalidad y salir de una situación en la que el país está con los brazos caídos.

0 comentarios

Escribe tu comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Agradecemos tu participación.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *