Reestructuración financiera: primera fase

El Gobernador del Banco de España ha hecho balance de la reestructuración de las Cajas de Ahorro y ha recapitulado las ayudas del FROB, que nunca se debió llamar así ya que su actividad ha estado dirigida a ser el salvavidas de las Cajas de Ahorro que eran las manzanas podridas del sector financiero. Los 8.000 millones que ha aportado el FROB se han situado en la CAM, Novo Caixa Galicia y Catalunya Caixa que forman el triunvirato que, junto con la Caja de Castilla La Mancha, se llevan los premios al descontrol, incompetencia y descrédito de las buenas prácticas financieras.

De las 47 Cajas de Ahorro no queda ni la tercera parte en esta primera fase y los tiempos venideros forzarán nuevas fusiones. No todo el pescado está vendido, ni cubiertos todos los riesgos en suelo, ni en participadas ni en inversiones industriales.

No ha quedado claro en la intervención del Gobernador cual puede ser el coste para el erario público en la operación de reestructuración de las Cajas de Ahorro, pero lo que si es evidente es que se ha mantenido a consejeros y a directivos que han pasado como espíritus puros y cuerpos traslúcidos por la gestión, sin mácula ni reproche alguno. Hemos instaurado un sistema perfecto de irresponsabilidad continuada.

Frente a las Cajas, los Bancos están capeando el temporal. Su gestión ha sido más profesional. Sus consejos de administración no han sido un corral de los partidos políticos y la cotización en Bolsa ha actuado de termómetro constante de su actividad. Zapatero se vanagloriaba en los primeros momentos de la crisis de la salud de nuestro sistema financiero, en base a la exigente política de control de balances y cuentas de resultados del Banco de España. Lo que no contó es que las Cajas de Ahorro vivían en el limbo del control de las Comunidades Autónomas, más preocupadas de conservar su identidad-todavía hoy en Caixa Catalunya se hacen declaraciones de este tipo- y de controlar su actividad por los partidos que de actuar con rigor y profesionalidad en su actividad financiera.

El portavoz del PP, Montoro, ha salido diciendo que el proceso ha sido muy lento. Debería releer algunas declaraciones de presidentes Autonómicos como el de Galicia, envuelto en la bandera para defender el modelo de identidad autonómico por medio de la Caja. La idea que algunos tienen de las Autonomías es una Caja más un aeropuerto, más una universidad y un Palacio de Congresos. En cualquier caso, después de que el gobernador calificara a la CAM como “lo peor de lo peor”, queda claro que en Valencia sucedía algo más que los trajes de Camps.

Las retribuciones y jubilaciones son escandalosas por su incongruencia con el resultado empresarial. La noticia debería servir para que el PP reforzara el criterio de que las retribuciones de consejeros y ejecutivos tienen que ser primero transparentes, después aprobadas por los accionistas y, finalmente, vinculadas a resultados y sin blindajes. Este recetario no se cumple, hoy por hoy, ni en los Bancos que han asumido el negocio bancario procedente de las Cajas fusionadas que han aparcado en la propia Caja, que es la propietaria, a los consejeros políticos para mantener las cuotas de poder que había en la antigua entidad.

La propuesta del PP debería ser la reforma de la competencia de las Cajas para situarla exclusivamente en el Estado, salvo aquellas que solo estuviesen implantadas en el territorio de su Comunidad, lo que no es el caso de ninguna. Si se captan ahorros en toda España, no hay ninguna razón para que se reserve competencia alguna a las CCAA y existen títulos competenciales más que suficientes en la Constitución para definir la competencia exclusiva estatal. El principio de unidad de mercado, la protección de los depositantes y las bases de la economía nacional exigen salir del zoco de pequeño interés de las Autonomías que se traduce, mayoritariamente, en ruinosas decisiones y en las subvenciones a las fundaciones de los partidos.

Lo que es incomprensible es que la privatización de las Cajas no haya servido para recapitalizar a sus fundadores, Comunidades y Ayuntamientos, destinando los recursos a amortización de su deuda, como proponía el PP cuando estaba en la oposición al PSOE de Felipe González. Un plan de privatizaciones para reducir deuda y devolver recursos al sistema. Así lo hizo Rato en su momento con las privatizaciones de los Bancos de Crédito Oficial y Telefónica. Ahora, lo que se aplican son recortes y a esperar a que caduque el Impuesto del patrimonio, según Montoro.

 

 

 

 

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