Una agenda de reformas

Ha sido necesario llegar a agosto, casi en el tiempo del descuento de la legislatura y con los avisos desde el centro de las plazas de Berlín y París, para que Zapatero y Rajoy pacten una reforma constitucional que dé el máximo rango legal al control del déficit y de la deuda.

El principio del déficit cero y la limitación legal de la emisión de deuda pública en relación al PIB, la denominada regla de oro, se incorporan con urgencia a nuestro Ordenamiento Jurídico para cubrir con una red de seguridad las compras de deuda en el mercado secundario del BCE y hacer llegar a la opinión pública alemana que la disciplina de gasto público que practican se va a imponer en el acervo comunitario a los países financieramente vulnerables. Tan simple como la imagen de que Merkel no es la pródiga de la Alemania reconstruida y que el euro se protege desde la política presupuestaria de los Estados que aporta fundamentos y, por tanto solidez, a la economía real de la UE.

Si queremos eurobonos, primero tenemos que hacer una dieta rigurosa para ponernos en forma. La mejor imagen de esta UE es una bicicleta con 17 puestos en los que van subidos cada uno de los países. Sí alguno no da pedales, porque esta demasiado débil o pesa demasiado, no hay más que dos soluciones: o se pone en forma o se baja de la bicicleta. Alemania, especialmente, y Francia no van a pedalear siempre por los demás.

España se ha distinguido por ser uno de los países con más alto grado de cumplimiento en la transposición de las directivas comunitarias. El fervor europeísta de los distintos gobiernos de la democracia ha sido ejemplar. Ahora, una vez más, hacemos de la necesidad virtud y nos ponemos al principio de la fila.

Pero sería ingenuo entender en clave emocional una medida que, sin duda, viene impulsada entre bastidores directamente por Merkel y Sarkozy. Sin duda Zapatero que se ha convertido en un alumno diligente de la ortodoxia financiera, cumple un requerimiento del eje franco alemán y ha trasladado a Rajoy y a Rubalcaba que han estado también muy diligentes, la conversación exigente mantenida con los líderes europeos.

No es nada nuevo ni afecta al orgullo patrio. El club, Europa, tiene sus reglas y la crisis financiera ha puesto en evidencia una insuficiencia de mecanismos preventivos que hay que implementar con rapidez. El pretendido dilema y contradicción entre la regla de déficit cero y el estado del bienestar es una falacia que argumentan quienes están anclados en autarquías y se ponen una venda con la rúbrica de Keynes en los ojos. El mayor riesgo para el Estado del bienestar es la quiebra del Estado y la negación de la globalización y la liberalización en el movimiento de capitales que, con todas las regulaciones necesarias, matizaciones y controles, supone un avance histórico en la redistribución de la riqueza mundial.

La recuperación del consenso constitucional entre PSOE Y PP, que va a servir para poner en cintura a las Comunidades Autónomas, muy cómodas hasta ahora en su papel de aplicar y gestionar el gasto público, sin querer saber nada de la política fiscal de ingresos, es una gran noticia. Por vez primera hay una respuesta común frente a la crisis y Rajoy ha conseguido que antes de que el gallo electoral cante tres veces, Zapatero no le niegue el pacto de estabilidad presupuestario.

La esperanza de quienes estamos convencidos que la solución a la crisis pasa por una senda reformista pactada entre las dos grandes formaciones, está en ampliar esa agenda en el momento oportuno, en la próxima legislatura, para acometer las reformas que han sido señaladas en el informe del Consejo de Estado. La sucesión a la Corona, la incorporación de la Constitución Europea a nuestro Ordenamiento Jurídico, la reforma del Senado, la reforma electoral y la delimitación competencial con las Comunidades y Ayuntamientos resolviendo la cuestión de las Diputaciones.

La política española ha sido capaz de llegar a acuerdos para sacar adelante un proceso de transición de la dictadura a la democracia que ha sido ejemplar. Actualmente el envite no es ni tan dramático ni tan extenso. Pero no cabe duda que es exigente y que es necesario realizar un ajuste de nuestro marco de convivencia. Los países anglosajones, con menor formalismo jurídico, van incorporando a su estructura constitucional las reformas por la vía de las enmiendas, reguladas en el artículo 5 de la Constitución de los EEUU y de la jurisprudencia.

Rajoy y Zapatero que, según dicen, compartieron colegio en su infancia en León, han sido políticamente inmiscibles, como el agua y el aceite que carece de polaridad y con densidad más baja.

Zapatero, durante su presidencia, se ha ganado la cualidad de aceite político de baja densidad, con su teoría de los cinturones sanitarios y su revisionismo de la transición, más propio de un sarampión juvenil inconsistente que de un político sólido europeo.

Al final de su mandato hemos visto al mejor Zapatero, como dice Felipe González. Rajoy tiene que demostrar capacidad para reformar y pactar desde el primer día.

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