Devuélveme otra vez

Aprovechando el verano caliente de los mercados, algunas Comunidades Autónomas, como Murcia, Madrid y Valencia están promocionando la canción del verano, ”Competencias, devuélveme otra vez”, con música a medio camino entre el merengue y la conga caribeña. Esto de la crisis está haciendo adelgazar  el poder político que ya no es lo que era. Sobran cargos públicos de confianza, sobran consejeros autonómicos que ahora van de incógnito para que no les persiga el cobrador del frac, como sucede en Castilla-La Mancha con los farmacéuticos que están poniendo a prueba la cintura, política, por supuesto, de Cospedal y sobre todo, falta dinero, directrices generales y reflejos para actuar con rapidez.

Los italianos, hasta con Berlusconi al frente de su Gobierno, bien entrenados sus reflejos en el baile de las fiestas que organiza, están respondiendo al reto del déficit y al sobre endeudamiento con más agilidad que nosotros, los  españoles. La habilidad  de los italianos para los deportes y los mercados y su capacidad para resolver las situaciones difíciles, en definitiva su flexibilidad-ya se sabe que, como nación, son unos “parvenue” y no tienen otros dogmas que la pasta y las mujeres- está demostrando eficacia para tomar decisiones, suprimir municipios, establecer impuestos y convencer a los agentes financieros  internacionales de su política de ortodoxo adelgazamiento.

Los brokers de Londres Wall Street siempre han estado fascinados por el diseño italiano y el que menos lleva una corbata de  Ferragamo o una camisa de Brunello Cucinelli. Todo mucho más cool que los modelos de la manola de Toledo, como dice el director. A las políticas españolas les priva para los actos solemnes el color rojo, muy carpetovetónico, de tarde de feria y toros, cuando lo que se lleva ahora por el mundo es el color “nude”, discreto y difuminado.

Italia, el país con los partidos políticos más volátiles de la UE, vende nuestro aceite de oliva en el mundo y triunfa en la capital del Imperio, New York, donde han abierto un espacio comercial para sus productos, Eataly, en la 23 con la 5ª Avenida, con tiendas  y restaurantes bajo la marca Italia. Y todo lo hacen con una estructura regional light, bajo una marca única y un sentido comercial que aporta diseño, valor añadido y calidad.

Aquí en España, nuestras Comunidades se empiezan a dar cuenta de que no son capaces de mantener servicios básicos que habían asumido. En Cataluña, Artur Mas recorta en sanidad, cierra quirófanos y limita prestaciones. En Murcia, Valcárcel, quiere devolver sanidad, En Valencia, quieren incrementar las tasas judiciales. Cospedal no ofrece soluciones a los farmacéuticos que piden cobrar lo que se les debe.  Y en Madrid, Aguirre, que no paga a los abogados del turno de oficio, quiere quitarse de en medio  la competencia de justicia. A lo que nadie renuncia es a la TV propia que tienen un déficit, el conjunto de las autonómicas, de más de 1.700 millones de euros anuales con subvenciones recibidas de sus Gobiernos  de 2.800 millones de euros. Un auténtico disparate, sin ninguna justificación de servicio público y una distorsión de las reglas básicas de la competencia en el sector económico audio visual, algo que debería ser casus belli para quienes se autoproclaman de liberales

En cualquier caso, la reordenación y devolución de competencias al Estado no plantea ningún impedimento jurídico y no es inamovible. Las CCAA, conforme a la Constitución, tienen competencias plenas, competencias de desarrollo de la legislación básica del Estado y competencias meramente ejecutivas. El rango jurídico de la modificación dependerá de la naturaleza de la competencia que vinculará a una modificación del Estatuto de Autonomía, mediante una Ley Orgánica, la derogación de una Ley ordinaria que desarrolla la Ley Básica del Estado o la aprobación de un Decreto de retroacción de la competencia  transferida, en el caso de los títulos competenciales  meramente ejecutivos.

Otra fórmula, menos radical, sería la creación de Agencias Nacionales con participación del Estado y de las Comunidades y un sistema de financiación compartido. La Administración de Justicia está reclamando un sistema coordinado y, junto a la Sanidad, ganaría en eficiencia y evitaría las asimetrías en la prestación de servicio público que causan desigualdades efectivas entre los ciudadanos.

Los  políticos española están más esclerotizados que los italianos, capaz de  reformarse a sí mismos y salir del marasmo de siglas y partidos, aprobando unas reformas radicales, pedidas por las autoridades financieras y los mercados. Renovarse o morir, es la traducción popular de la frase de Unamuno: ”El progreso consiste en renovarse”. Ahora, ya no se trata del progreso, sino de la simple supervivencia.

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