Círculo financiero infernal

La economía de los países occidentales se ha situado en uno de los círculos infernales que describió Dante Alighieri en La Divina Comedia. El circulo está formado por la desconfianza, el miedo y la ineptitud de unos gobernantes que contemplan la situación mientras los mercados de deuda, las bolsas y los indicadores económicos entran en una espiral ,en un tiovivo infernal, sin que nadie ponga freno a la situación y estabilice los mercados.

Las declaraciones de los líderes políticos, de los responsables del Banco Central Europeo y de la Reserva Federal se convierten en gasolina para el fuego que se aviva con cualquier intervención. La economía financiera, sobre la que se sustenta la economía real, se ha convertido en un caballo desbocado que nadie embrida.

El rating de las agencias es ya un barril de pólvora situado junto a una tabla de fuegos artificiales. Y las acciones de respuesta e informaciones de los Gobiernos de hoy son sustituidas por rumores mañana, que predicen bajadas en la panoplia de letras y signos que constituyen el arcano sobre el que se asienta el oráculo financiero de las agencias.

Lo que comenzó como un problema de hipotecas viciadas en la garantía o ‘sub prime’, que estaban circulando en títulos y derivados a la velocidad de la luz, problema hoy reconducido con la quiebra y liquidación de algunas entidades y con la nacionalización de otras, ha ido escalando posiciones hasta trasladarse a la economía mundial y atacar el centro de gravedad de la organización financiera de los Estados, que está en el mercado de deuda pública. En la clasificación de los 20 países más endeudados en relación con su PIB, están los ocho grandes de la economía mundial, excluida Rusia.

El equilibrio entre los distintos elementos que configuran la economía, inversión, deuda, gasto, ahorro, demanda, oferta, formación de precios se ha roto en la economía occidental, pletórica de instituciones, organismos, observatorios y reguladores que analizan multitud de datos, estimaciones y toma de muestras que, teóricamente, deberían marcar comportamientos e imponer pautas de comportamientos que evitasen el maremoto que se está produciendo.

Los Gobiernos de los grandes del mundo se han convertido en órdenes contemplativas de la situación, plañideras de su infortunio. El Presidente Obama, con su prestigió desgastado por el acuerdo del techo de deuda de Estados Unidos, realizó una declaración emocional afirmando que su país será siempre de triple A, más propia del sermón dominical de una iglesia Baptista que del dirigente de la primera economía mundial. La superposición de las imágenes de la retransmisión de su alocución con la repercusión en la cotización del Dow Jones, ha sido terrible para su liderazgo.

En Europa, Cameron y Sarkozy han interrumpido sus vacaciones por las revueltas y pillajes en las ciudades y las dudas que recaen sobre la economía francesa. La estructura de respuesta de la UE, como el Rey desnudo, ha mostrado sus vergüenzas. Bruselas necesita con urgencia definir una agenda que formule una armonización fiscal efectiva en la arquitectura y contenido impositivo de los Estados miembros y un control preventivo de la emisión de deuda pública, al menos a partir de determinados porcentajes de PIB. Junto, como ha solicitado la vicepresidenta del Senado italiano y ex comisaria Enma Bonnino, el organigrama del ejecutivo europeo debe incluir un responsable del Tesoro, responsabilidad que no está cubierta por el BCE.

España, en esta vorágine, cumple un papel secundario. A perro flaco, dice el refrán, todo son pulgas. Y el que lleva la correa, el presidente del Gobierno, está ya más fuera del escenario que dentro. Trichet nos ha pedido respuestas, no excusas, lo que en términos económicos se traduce en nuevas vueltas de tuerca en el ajuste del déficit. El Consejo de Ministros de la próxima semana aprobará un paquete nuevo de medidas, confirmando la estrategia de utilizar dosis sucesivas para aliviar el escozor de la medicina. La solución exige, sin embargo, medidas estructurales y estructuradas, para salir del bazar legislativo y financiero que nos está proporcionando los últimos meses de Zapatero.

Rajoy,”the man that nothing to say” según ‘The Economist’, ha pedido la convocatoria de la Diputación Permanente. Los ciudadanos que ven como se hunden sus ahorros, sus planes de pensiones referenciados a renta variable, el valor de sus propiedades y padecen el cierre bancario a su demanda de financiación , claman por un acuerdo de mínimos entre PP y PSOE , incluso antes de las elecciones, que ordene los cinco grandes problemas del país. La consolidación fiscal, las políticas activas de empleo, la financiación y coordinación del sistema nacional de salud, la reordenación de las Administraciones Territoriales (Comunidades y Ayuntamientos) y la defensa y promoción de la marca España, fundamental para nuestro sector turístico y la inversión exterior. En lo demás, que cada partido presente, defienda su programa y aguante su vela.

Fraga repitió muchas veces la frase de que “España era lo único importante”. La imagen del viejo león en silla de ruedas, fotografiado para acallar los rumores sobre su estado, deberían servir para recordar una de las líneas ideológicas fundacionales del Partido Popular.

El patriotismo cooperativo es hoy exigible a los grandes partidos nacionales. Los ciudadanos tenemos derecho a demandarlo.

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