Zapatero: telón final

La decisión de la convocatoria electoral en noviembre había tomado una mayor consistencia  tras la reunión de Rubalcaba y Griñan en la que se coordinaron las convocatorias de las generales y de las andaluzas. El acuerdo presupuestario  2012 se presentaba, ademas, imposible. Ni Zapatero ni sus ministros están ya para lidiar con unos Presupuestos que, necesariamente, tienen que ser restrictivos, con nuevos recortes, ni los socios accidentales del Gobierno, que han quedado reducidos a vascos y canarios ofrecen, en estos momentos, una compañía sólida sólida y ventajosa.

Si, junto a ello, hay una ventana que ofrece un ligero respiro, quizás solo una tregua en la crisis, la oportunidad del momento, con la rampa de lanzamiento de la encuesta del CIS para Rubalcaba, permitía elegir la fecha más próxima de las dos únicas posibles.

Zapatero que ha mejorado en la crisis, como dice Felipe González, aunque no ha hecho olvidar sus primeros seis años de política naif, da toda la sensación de que quiere salir corriendo para León y olvidar su papel de dirigente europeo instalado en la  ortodoxia de los mercados y no en la política social, papel incómodo que le pesa como el traje de una armadura a un caminante por las arenas de Doñana.

Rubalcaba, tomado el relevo, tiene que hacer desparecer de la escena a Zapatero, el relevado, que, como sucede en las carreras de atletismo, desparece de la pista. Con ello, difumina su pasado, sitúa el foco de la opinión pública exclusivamente sobre él y llena su agenda política como candidato en periodo electoral.

En definitiva, la agonía política del PSOE que se ha hecho patente tras el 22-M, se desahoga con el nuevo objetivo electoral y el nuevo candidato, a la sazón el candidato de más edad y mas veterano de todos los que han concurrido  a elecciones generales en nuestra Democracia. Ferraz  tiene en su memoria histórica que el tiempo no mejora los procesos de cambio en el liderazgo y no estaba dispuesta a repetir la secuencia de errores que se cometieron con la salida de Felipe González y las sucesiones fallidas de Almunia y Borrell. Por tanto, era necesario abreviar el trámite, pasar la página y repartir cartas nuevamente., que es lo aconsejable para cerrar pronto las heridas.

Desde la perspectiva  institucional, la fecha de noviembre tiene la ventaja de que ordena los procesos electorales al otoño del año correspondiente, lo que favorece la elaboración de los presupuestos, mientras sigamos con una presupuestación anual y no se modifique el centro de gravedad a la liquidación presupuestaria que es lo efectivamente relevante. Los presupuestos bianuales, al menos, permitirían una estabilidad y fijeza en las políticas públicas, que naturalmente exceden de un año y posibilitarían el control anual de su ejecución, con un debate riguroso en cuanto al cumplimiento de objetivos y la valoración de los resultados. El control del déficit y el debate político se haría en sede parlamentaria, evitando así los excesos verbales que tan poco contribuyen  a proyectar la imagen de un país sólido.

Desde la oposición, la convocatoria parece que da la razón a Rajoy pero elimina del debate político a Zapatero y a su Gobierno y le obliga a confrontarse con el candidato socialista en lo que en términos procesales se denomina igualdad de armas. Su comparecencia ha tenido tres partes. Ha dicho que no quiere hablar del pasado, sino que su discurso está mirando el futuro y el objetivo de devolver la confianza a los ciudadanos. Ha desgranado una serie de propuestas en grandes líneas y ha relatado agenda de una serie de reuniones y conferencias, una retahíla absolutamente prescindible  que ha enturbiado lo que debe ser el mensaje  principal de su campaña. Frente al lema de  Rubalcaba, we can do it, Rajoy tiene que decir que está preparado, que sabe cómo cambiar la situación y que no se resigna ante los cuatro millones ochocientos mil parados.

Duverger, el politólogo francés, explicaba en sus libros que la democracia es un régimen de opinión pública. Sociológicamente no hay líneas definidas entre el electorado de los dos grandes partidos nacionales y menos en unos tiempos de crisis tan largo como el que soportamos. Estos tres meses y veinte días van a ser muy importantes en los resultados electorales y quizás estemos en la campaña electoral más abierta de todas las que  se han celebrado. El PSOE con Rubalcaba va a intentar recuperar y movilizar a su electorado. El Partido Popular tiene que estar convencido de que  el exceso de confianza es la peor estrategia que puede aplicar y necesita  generar ilusión en la sociedad azotada por el paro y la secuencia interminable de malas noticias. En este escenario el movimiento 15-M se va  activar y jugará un papel importante en estos meses.

Los clásicos dijeron que todo fluye o, en versión siglo XXI, vivimos en tiempos de cambios acelerados que exigen estar muy atentos al pulso de la sociedad y tener una gran flexibilidad

Rubalcaba y Rajoy, dos erres y un solo destino. El partido con un único set. No hay partido de vuelta. Pero quien gobierne tiene que ser capaz de conseguir los más amplios acuerdos e impulsar las reformas estructurales que el país necesita.

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