Democracia 3.0

Las acampadas en la Puerta del Sol de Madrid, que se ha extendido a otras ciudades, constituye un movimiento heterogéneo en el que se mezcla el rechazo a los grandes partidos, la frustración del paro juvenil y la rebelión frente a una crisis económica de la que no se ve el fin y que los gobernantes no acaban de embridar, incapaces de transmitir confianza en el futuro.

Los dos grandes partidos, PP y PSOE, se han apresurado a dar una explicación partidaria. Para el PP, es la consecuencia de cinco millones de parados. Para el PSOE, se debe a la frustración de los ciudadanos ante el gobierno de los mercados que se ha impuesto al gobierno del pueblo. Las vulgares y poco inteligentes explicaciones están en la misma línea de una campaña electoral que ha deambulado entre mensajes del siguiente tenor: “El PP pone en peligro el Estado del bienestar”.”El PSOE quiere meter a ETA en los Ayuntamientos”. De este nivel para abajo, el prontuario de frases célebres es ilimitado y produce rubor intelectual su simple recordatorio.

Los candidatos no han hecho ningún examen de su actuación, honesto y no manipulado, ni han mostrado espíritu de contrición o, al menos, el planteamiento de una duda metódica –la duda es la primera condición para la aplicación de la razón- que les llevase a preguntarse qué están haciendo mal.

La política española está esclerotizada y secuestrada en las direcciones de los Partidos Políticos, convertidos en una agencia de colocaciones, en expresión de Manuel Jiménez de Parga y en ámbitos cerrados dedicados a la fortificación del líder y a la preservación de su guardia de corps. La democracia interna no es que sea mayor o menor, sino que no existe y los procesos de primarias se deslegitiman con la excusa de la ingobernabilidad de las organizaciones, presumiendo que la democracia es un factor de inestabilidad. Esta perversión se traslada a los Parlamentos, en los que la inmensa mayoría de los diputados no tienen otra aportación que ser traseros con capacidad de apretar el botón para votar, sin que se les conozca alguna iniciativa propia. Si se organizase un concurso para premiar al ciudadano que acertase en plena calle el nombre de 5 diputados del Congreso y 3 senadores o si se prefiere de 5 diputados autonómicos, el resultado reflejaría el clamoroso vacío que existe entre los representantes y los representados.

Por ello, en la agenda de reformas que ha expuesto inteligentemente Pablo Sebastián, está en el primer lugar la elección directa de Presidente y Alcalde y una reforma profunda de la Ley Electoral que haga permeable la representación política.

En este proceso de reformas, la transparencia, la información económica veraz y accesible, es una exigencia inexcusable para una organizaciones que han tenido casos de corrupción vinculados a su financiación– Filesa y Gürtel- donde, al rebufo de campañas electorales, se ha comprobado el descontrol interno, el escaso rigor en la administración del dinero público y la aparición de agentes que han actuado pro domo sua, aprovechando en beneficio propio el río revuelto.

La inclusión de imputados en la listas electorales debería estar vedada por los propios códigos de auto regulación de los partidos. Simplemente, es necesario preguntarse si cada uno, como ciudadano, confiaría su representación o su salud a un abogado o a un médico imputado o contrataría un viaje o un servicio a quien estuviese en tal situación. No cabe la menor duda que la presunción de inocencia está recogida en nuestro Ordenamiento y no excluye la legitimación electoral del candidato y que la dilación de nuestra Justicia es inaceptable. Pero es evidente que el espectáculo de excusas, explicaciones y razonamientos que han hecho PP y PSOE sobre la inclusión de imputados en listas electorales atenta contra la inteligencia de los electores y no tiene un solo pase.

También es cierto que la percepción de la crisis que padecen los ciudadanos refleja una incapacidad de los gobernantes para explicar que se ha tomado medidas con la intención de evitar la reproducción del carnaval bancario de primas, bonus y demás martingalas en un momento en el que las entidades han cerrado el crédito a familias y empresas. La gente corriente está pagando los errores de los financieros que sólo acaban ante la Justicia cuando se comportan como el director del FMI.

La Junta Electoral de Madrid, con su orden de desalojo de la Puerta Sol, el kilómetro 0 de España, no ha hecho sino servir de altavoz a la convocatoria y echar gasolina al fuego. La resolución es un auténtico disparate – a nadie sensato le puede afectar en su derecho al voto lo que suceda en Puerta Sol – y vamos a tener acampada hasta el domingo, por lo menos.

Rajoy se ha equivocado con su declaración de que “lo fácil es descalificar a la política y a los políticos”. El empresario Claudio Boada, presidente del Círculo de Empresarios, ha declarado que la indignación tiene su base en que los políticos anteponen su interés particular al de los ciudadanos. Negar la realidad sirve para pasar el rato, pero no elude ni soluciona los problemas. No percibir el hartazgo es una grave miopía y un mal precedente para quien, si quiere gobernar, tendrá que contar la cruda realidad y tomar duras medidas.

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