Parole, parole

La campaña electoral encara su última semana con el deambular de los candidatos en mítines y en los medios de comunicación, para darnos ,desde el puesto del mercado electoral ,una de insultos y otra de promesas.

En la España real, nos amenaza otra borrasca financiera , que  se ha formado en la Grecia de  Penélope, donde se  desteje la tela de ayudas que ya habían tejido los socios europeos. Nuestra economía nuevamente vulnerable, como una enfermita tísica y convaleciente que no acaba de levantar cabeza.

La Angela Merkel, entra en escena en la tragedia de Penélope y el Minotauro, mientras cantan un fado portugués a dos voces y se acompañan con  la lira fabricada con la madera de los bosques de Irlanda. La teutona, con  gesto firme y grave,  proclama que hay que seguir reformando para sobrevivir en el laberinto financiero.

Los mismos problemas sin que se aporten soluciones. Ni una sola declaración de los candidatos  para explicar si acabará  algún día la reforma de las Cajas de Ahorro; cómo será el nuevo marco laboral para crear empleo, no para despedir trabajadores y por donde adelgazaran las Comunidades y los Ayuntamientos para reducir su deuda y no incurrir en más déficit.

Tampoco ningún partido explica cuánto se gasta en la campaña electoral ,excepto UPyD que tiene un presupuesto de un millón de euros. Por qué nos llenan las calles de las fotos de sus candidatos –si los  conocemos a todos- con las  caritas y  las boquitas pintadas, pasadas por el fotoshop. Y ninguno nos promete aligerarnos el trámite y reducir a diez días las insoportables campañas electorales.

Los debates en las televisiones, antiguos y estereotipados y  se echa en falta un candidato que se atreva a encerrarse ante tres periodistas independientes, como hacen los toreros de verdad con una ganadería de tronío, porque ya solo quieren predicar con la homilía que preparan los gabinetes de comunicación, sin permitir a la prensa que alguien levante la mano y pregunte: quiero leerlo en sus labios, ¿va a subir los impuestos?

El PSOE nos azuza con el miedo de los recortes sociales y el PP con el paro a unos electores que han perdieron el miedo hace tiempo, porque llevan padeciendo tres años en sus propias carnes las cornadas de la crisis.

En la campaña de Madrid, Tomas Gómez no levanta el vuelo y juega a las tres esquinas en su programa de izquierda profunda que no aplicó cuando fue Alcalde de Parla. El fantasma del copago sanitario, el banco Regional y el impuesto a los bancos que gravará en realidad los depósitos de los clientes, como ha hecho su correligionario Griñan en Andalucía, que va por el 27% de paro.

Acusa a Aguirre de privatizar servicios y de una política de negocios, cuando tenía que exigirle una política menos declarativa y más audaz que realmente suprima restricciones y regulaciones. La libertad de horarios  se ha quedado en aguas de borraja y la supresión trámites, licencias y autorizaciones ni siquiera ha aplicado la Directiva Bolkestein de la UE que fue adaptada parcialmente a nuestro Derecho interno en la Ley Omnibus. A pesar de todo, Madrid se comporta algo mejor que la mayoría de las Comunidades en un ambiente general de atonía y desanimo.

Lissavetzky está dedicado a mantener el tipo ante Gallardón y ofreció con Ángel Pérez un debate más constructivo, en el que el Alcalde se dedicó a enfriar el partido para que nadie le preguntara por el catastrazo que viene, encubierto bajo el disparate fiscal del IBI social, que no es sino una excusa para subir la fiscalidad en Madrid y acabar de matar al moribundo sector inmobiliario. La otra propuesta del programa, subir el Impuesto de circulación en función de la potencia, también con un tipo progresivo, convertirá a Madrid en una ciudad para ricos ,si queda alguno.

Los datos de la encuesta de ABC que vaticinan una caída de concejales en Madrid para el PP a favor de UPyD que mantiene un perfil de candidatos con un discurso moderado – la educación en manos del Estado, aunque le falta la justicia y la sanidad- demuestran que si algo se mueve en la política española, siempre empieza por Madrid.

Como canta la inolvidable Mina, “tu siempre igual ,tu siempre igual , no cambiarás, no cambiarás, nunca más, caramelos no los quiero más. Se hace el momento y luego se verá. Parole , parole, parole, son tanto parole”

“ Escúchame. Este es mi destino, hablarte como la primera vez”, le contesta en el dúo Javier Zanetti.

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