Seve: Rebelde con causa

En este país nuestro, Severiano ha tenido que morirse para que todos reconozcan que era un genio y un español universal. Sus triunfos no han sido igualados por ningún jugador y probablemente tardaremos mucho tiempo para que alguno de los nuestros consiga, al menos, empatar su palmarés.

He tenido la suerte de conocerle. Cuando recuperé para Madrid el Open de Golf en el Club de Campo compartí con él y su equipo, de Amen Corner -su querido sobrino que le acompañaba y le ha acompañado hasta sus últimos días, sus hermanos, su abogado y hombre de confianza, que se lo llevó también la enfermedad- su tremenda humanidad y su fuerza vital. Estar junto él era convivir con una leyenda, pero por encima de todo su persona desbordaba autenticidad.

He tenido la suerte de seguirle en los grandes triunfos y verle también jugar cuando sufría con su espalda y con los resultados que no reflejaban todo el golf que llevaba dentro. Recuerdo en Santa Ponsa, en un Open de España, después  de un mal recorrido, en el tee de prácticas, como le preguntaba a Miguel Angel Jiménez para que corrigiese su swing. Las bolas salían perfectas y Miguel Angel con su tranquilidad de malagueño profundo, le aconsejaba que no se entrenara más.

He tenido la suerte de oír contar a sus amigos, como Manolo Piñero, las  anécdotas de la vida de dos jóvenes que viajaban por el mundo y se dedicaban en las noches, encerrados en la habitación, a competir  a ver quién colaba una bola con el aproach en un vaso que colocaban en la mesilla. Y escuchar de sus labios como en su infancia ayudaba a su padre y andaba detrás del carro en los campos de Pedreña, trasportando heno para dar de comer a las vacas.

Severiano fue un adelantado de su tiempo y estaba tocado por la gracia de Dios, porque todo lo que hacía desbordaba su genio y su humanidad. España le debe mucho y en algún momento, cuando el deportista empieza a sufrir por el natural declive y el cuerpo ya no hace lo que le pide la mente, sentía una decepción por este país nuestro de flaca memoria y lleno de iconoclastas ignorantes, incapaces de comprender la grandeza de personas como Severiano. Siempre quedaba el cariño de los ingleses y del mundo del golf internacional, que tenían grabado en letras de oro el nombre de Sevy.

En Madrid, el Club de Campo, le encargó la ampliación de su recorrido, diseñando un campo de nueve hoyos junto al campo principal. Dos personas, Luis María Huete y Esperanza Aguirre, primer teniente alcalde y concejala de Medio Ambiente, impulsaron esa decisión. Y cuando se ejecutaron las obras, algunos de los que hoy desde la política elogian a Severiano, intentaron montar una cacería, con Fiscalía por medio, para imputar un delito a ambos concejales.

A Severiano le habría gustado diseñar un gran campo en Madrid. Cuando años después saqué adelante, bajo la dirección del alcalde Álvarez del Manzano, el Centro Nacional de Golf, la Federación le puso el nombre de Enma Villacieros, la presidenta que más ha hecho y ha transformado el golf en España. Hoy, estoy seguro que todos los golfistas y la primera Enma, estamos convencidos que el centro tiene que recibir el nombre de Severiano Ballesteros, para que su espíritu  se transmita y anide en los jóvenes que acuden diariamente a formarse como personas y como deportistas.

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