Bildu: El expreso de medianoche

La sentencia del TC en amparo del derecho de la coalición Bildu a presentar sus candidaturas municipales, negado por el TS en el recurso contencioso electoral ha reflejado, milimétricamente, la división en dos bloques en el máximo intérprete de la Constitución. Una división simétrica a la composición política de las Cámaras Legislativas y que se ha traslado a órganos, instituciones y Comisiones reguladoras, todas debidamente filtradas desde el poder político de los partidos. La independencia se predica, pero no se practica, porque aquí el que no se pone la camiseta, con escudo incluido, no sale en la foto.

Es cierto que la sentencia del TS se amparaba en las pruebas e informes, aportados por los Cuerpos de seguridad del Estado, empaquetados jurídicamente por Fiscalía y Abogacía del Estado. Pero no es menos cierto que Bildu planteaba el problema de los partidos legales nodriza, EA y Aralar, como soporte de entrada para los abertzales y batasunos. Un resquicio legal de la Ley de Partidos y de la reforma de la Ley Electoral que exigió al TS un escorzo jurídico acudiendo al discurso argumental del concepto de fraude de ley. Si la Sentencia del Supremo ya salió forzada, la instancia del Constitucional, que tutela y valora derechos y libertades fundamentales y la sustantividad de sus restricciones, tenía la vía expedita para enmendar la plana al Supremo.

Otro punto de vista para la valorar los efectos de la situación creada, está en la perspectiva del juicio de oportunidad político. Es evidente que aquí cada actor ha jugado su papel, según el guión establecido. El Gobierno ha puesto en manos de la Justicia los informes policiales y sus brazos jurídicos han actuado con el objetivo de lograr la exclusión electoral de la Coalición. Pero Zapatero y Rubalcaba tenían en la mano la segunda baraja con la carta del TC, una carta que percibe rápidamente qué aire que se respira en cada uno de los grandes partidos.

Por su parte, el PNV, con la boca pequeña y una vez más, aunque a destiempo, sacaba la cara por el derecho de Bildu, cuya exclusión le hubiera beneficiado significativamente en la aritmética electoral. Los votos que puede pescar están en los abertzales más moderados que, huérfanos del paraguas de Batasuna, se sitúen bajo el cobijo de los nacionalistas en su proceso de reconversión política. Así ha sucedido desde la histórica disolución de los poli-milis.

El PSOE, con Zapatero en prórroga de poder, explica, como si fuera un alumno aplicado, que ha seguido el manual de procedimiento, sin apartarse de ninguna de sus reglas. Rubalcaba toreó en collera con Trillo mientras fue necesario, instrumentó el acuerdo ante el TS y dejó correr el asunto, como es debido, ante el Constitucional. Ante los sectores más moderados, hizo todo lo posible para evitar la reaparición de Batasuna y para los sectores progresistas cumple el principio, inobjetable en Democracia, de que la restricción de derechos no elude la tutela judicial efectiva.

El Partido Popular se queda en una situación difícil. No puede deslegitimar el Constitucional ni hacer seguidismo al discurso de la hoja de ruta pactada por debajo de la mesa entre el PSOE y Eta, defendido por sector de los halcones. Rajoy, empeñado afortunadamente en colocarse en el centro político, ha querido marcar una distancia con la estrategia dura, como lo prueba el hecho de su ausencia en la última manifestación de las víctimas del terrorismo, consciente de que el mejor método para contener a abertzales y batasunos es el pacto en el Gobierno Vasco entre López y Basagoiti. Pero al mismo tiempo no va a parar a nadie de su partido que le zurre la badana a Zapatero y a Rubalcaba.

Desde la política vasca, la puerta abierta electoral a Bildu tiene sus riesgos, pero también puede tener efectos positivos en el camino que están abriendo PSOE y PP en el Gobierno Vasco y bajo su control. ETA tiene varias caras en Euskadi, lo que ha sido una constante desde el primer momento de su historia. La disección estos momentos, entre los independistas radicales y los violentos de ETA, parece que puede producirse con mayor éxito, habida cuenta los movimientos que se perciben. Sería demasiado ligero afirmar que todo lo que hay debajo de Bildu es hoy ETA militar.

En todo caso, la Democracia tiene una debilidad en su grandeza: tiene que soportar la contradicción de acoger, incluso, a quienes no creen en ella.

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