Con ocho no basta

El Presidente Zapatero ha anunciado en Bruselas ocho medidas que España va a implantar  y que se pueden resumir en tres grandes apartados: estabilidad presupuestaria, mejorar la competividad y aflorar la economía sumergida, que se estima en un 17% del PIB, una auténtica barbaridad. Nuevas medidas, la mayoría ya presentadas en los medios de comunicación, para ir haciendo cuerpo y que se unen al proyecto de Ley de reforma de las pensiones aprobado en el Consejo de Ministros del día 25.

Dentro del apartado de la competitividad reclamada por Merkel, hay cuatro objetivos, dos principales y dos accesorios: negociación colectiva y servicios profesionales, por una parte y Comisión Asesora de la Competividad y Ley Concursal, cuyo proyecto de Ley ya fue aprobado en el Consejo de Ministros del día 18. La Comisión Asesora no se sabe qué composición tendrá y qué funciones cumplirá, aunque seguro que estarán los empresarios y los sindicatos. Una vez más no se utilizan órganos ya creados y  hubiera sido más coherente utilizar el Consejo Económico Social, que no se sabe que hace y si aporta algo en este proceso de búsqueda de soluciones ante la crisis económica. Más aun, cuando las Comunidades han reproducido el Consejo Económico Social con tal mimetismo que es exactamente igual de inútil. El proyecto de Ley Concursal, que va ya por la tercera reforma, pretende salvar los convenios de refinanciación en los procesos concursales, dando algo más de vida a empresas que están desahuciadas.

El núcleo duro de la mejora de la competitividad está en la reforma de la negociación colectiva que Zapatero quiere aprobar con consenso empresarios y sindicatos, utilizando con estos últimos toda la vaselina que sea necesaria. De ahí los guiños al impulso a la formación y al afloramiento del empleo sumergido, donde seguro que el Gobierno quiere dar un papel protagonista a los sindicatos. La formación recibe importantes subvenciones para sindicatos y empresarios y no se conoce una evaluación sistemática de su cumplimiento y resultados.

La reforma de los servicios profesionales viene dando vueltas desde la Directiva Bolkestein o Directiva de Servicios aprobada en el 2006 y que, incorporada en nuestro Ordenamiento por Ley de 2009, vive en el fastuoso limbo de las normativas inaplicadas, tanto en la supresión de licencias y autorizaciones como en la  no exigencia de colegiación obligatoria. La libertad de establecimiento, la libre circulación de profesionales en la UE y la eliminación de los fielatos de los Colegios Profesionales, en los que el  control democrático es escaso y que deben estar basados en el principio de libre  asociación y no en la obligatoriedad, se impone por la realidad de una economía globalizada y la efectividad del espacio económico europeo.

Todas estas medidas, nos presentan un Presidente que se ha convertido fervientemente a la fe liberal de la UE, capitaneada por el dueto Sarkozy-Merkel, que están firmemente dispuestos  a que el lastre de los países periféricos se detenga en Portugal. Si al paquete de medidas relatado le unimos la Ley de Estabilidad de las Administraciones Públicas, indiciando la deuda y el déficit al PIB, la revolución Zapatero se acabó, afortunadamente, cuando retiró la estatua de Franco del lateral de los Nuevos Ministerios.

Emilio Botín, ejerciendo de portavoz de los empresarios en la antesala de La Moncloa, le ha pedido a Zapatero y al PSOE que no se distraigan con el juego del hipódromo y sigan como alumnos aplicados de la UE con la agenda de reformas, lo que comparten todos los sectores y analistas que opinan desde el sentido común. En junio, con los resultados de los nuevos test de estrés del sistema financiero, habrá que aprobar una nueva prueba y comprobar que la agenda de medidas da resultados. Además nos podemos quedar sin la barrera de Portugal, cuya clase política ha dado el mal ejemplo de no ponerse de acuerdo en un plan de estabilidad que recuperase la confianza en su economía.

La cuestión está en si las medidas propuestas son suficientes o un simple bálsamo de fierabrás para bajar la fiebre que no soluciona la dolencia. Gordon Brown, el ex premier británico, que es economista, ha declarado el fin de semana que a España le quedan diez años de deberes, lo que nos presenta un corto plazo muy negro. Nuestra economía necesita cirugía radical y el PSOE, más que Zapatero, quiere consensos subyacentes en las reformas, lo que es muy difícil con unos sindicatos que juegan para su electorado un papel relevante electoralmente. En el Reino Unido los recortes del gobierno Cameron se fijan en 100.000 millones de euros en los próximos años, lo que ha movilizado protestas sindicales y estudiantiles esta semana.

El dilema entre la cirugía radical económica y los remedios de la abuela para salvarnos del colapso económico es el reflejo de la dualidad de una sociedad que se ha acostumbrado a vivir entre las subvenciones y la teoría del estado del bienestar que se supone que pagaban los demás.

Mariano Rajoy debe animar a Zapatero a que se aplique más por el buen camino de la ortodoxia económica y financiera europea. Como dicen en las notas escolares, progresa adecuadamente. Hay que estimularle en las sesiones de los miércoles de control parlamentario. Rajoy, felicítele de vez en cuando.

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