Alta temperatura

La encomiable reacción del pueblo japonés tras el terremoto y la crisis en sus centrales nucleares refleja un comportamiento de alto valor cívico que se identifica con los ingenieros, técnicos y  bomberos que están trabajando en las centrales nucleares. Una crisis en las centrales nucleares que se ha desencadenado en un escenario de catástrofe natural que ha causado varios miles de fallecidos, todavía sin cuantificar, desparecidos e importantes daños materiales.

La reacción europea a la crisis de las nucleares japonesas ha provocado un debate en la opinión pública, fundamentalmente primario y emocional, sobre la energía nuclear y un asombroso vacio de ayuda internacional para controlar los daños en las centrales nucleares afectadas. Los Estados se han preocupado de sacar a sus nacionales, pero salvo EEUU  que ha mandado barcos de la VI flota a las aguas del mar de Japón, ni en el Consejo de Seguridad de la ONU ni en la UE se ha presentado un plan de ayuda para la estabilización de la central Fukushima. Una vez  más, la estructura de los organismos internacionales sigue siendo terriblemente lenta y burocratizada. La Agencia Internacional de Energía Atómica –IAEA- está recibiendo algunas críticas en la prensa internacional el sentido de que tiene un gran número de expertos en seguridad nuclear y está menos preparada para prestar ayuda ante un desastre nuclear, limitándose a recopilar la información que se produce desde la central afectada.

Hoy las informaciones indican que se ha incrementado el nivel de riesgo desde el valor 4, accidente con efectos locales, hasta el nivel 5, accidente con efectos extendidos, que es el nivel que se produjo en la central Three Mile Island el 28 de marzo de 1979.

No cabe duda que hay un profundo desconocimiento de la energía nuclear y del funcionamiento de las centrales nucleares y un gran peso ideológico. En un mundo donde la información fluye abiertamente, la energía nuclear se mueve entre la  opacidad y un sentimiento atávico, alejado de la ciencia y más próximo a las imágenes del apocalipsis que ha traído la literatura y el cine. El miedo a lo desconocido es más fuerte que la razón, la empírica y la ciencia. Las centrales han sustituido a la brujería y han dibujado la imagen de un mundo destruido por la acción del hombre, que está impresa en la civilización desde que se abandono el paraíso el cristiano o de otras religiones.

La reacción del Gobierno español ha sido moderada y el programa de evaluación de la seguridad pasiva de las centrales nucleares ante una catástrofe natural, impulsado por Austria en la UE es el procedimiento más adecuado.

La semana sigue con alta temperatura. El Consejo de Seguridad  ha autorizado la operación de intervención en Libia ratificando la tesis anglo-francesa, frente a la reticente posición alemana con el Gobierno de Merkel embarcado en unas próximas elecciones en los Lander

En esta España nuestra, Zapatero se ha zafado del debate sucesorio y a tomado oxigeno en el escenario internacional. Su posición en la sesión de control, señalando que no era el momento para abrir el debate nuclear, es una posición responsable que ha dejado en suspenso la definición del porcentaje nuclear en el mix enérgetico.En Francia, nuestro vecino, el 80 por ciento de la electricidad tiene como fuente de producción la energía nuclear. En definitiva ,una semana de oxigeno para su Gobierno y en blanco para el PP, que además ha sufrido junto al PSOE el revolcón del TC, declarando la nulidad de los Estatutos de Andalucía y Castilla León que se atribuían competencia exclusiva sobre el Guadalquivir y el Duero.

Las declaraciones de los respectivos responsables regionales valorando la sentencia dictada por el TC daban pena y mostraban, una vez más, la deriva caciquil y provinciana con la que se desenvuelve la política autonómica. Con la  que estaba cayendo en el mundo y aquí haciendo declaraciones para afirmar que el Guadalquivir es un rio andaluz. Lo único que faltaba es que le pusieran la camiseta del Betis.

Este país se mueve entre el tremendismo y el arrebato. Falta paciencia y mesura como la que tiene el pueblo japonés que puede presumir, como nosotros, de una larga historia. Necesitamos comer más arroz y pescado o importar japoneses.

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