Los idus económicos de marzo

La situación internacional, polarizada en la guerra civil que tiene lugar en Libia y el terremoto con tsunami en Japón, que ha provocado una situación de crisis en sus centrales nucleares, todavía no controlada, aumenta las incertidumbres económicas ante la incipiente y débil recuperación de las economías alemana y norteamericana, auténticos motores de las economías occidentales. La subida del precio del petróleo y la revalorización del yen, que se verá impulsada por el programa de reconstrucción de los daños de la catástrofe natural, impulsa la volatilidad del mercado de divisas, con un euro que ha pasado en unos meses de un cambio de 1,19 dólares a marcar un pico de 1,40 dólares.

Trichet, con sus declaraciones sobre la subida de tipo de interés en la zona euro, ha echado gasolina al fuego y la advertencia no ha sido bien recibida por los mercados. La oportunidad/inoportunidad de los avisos a navegantes de Trichet, el gendarme de la ortodoxia europea, ha sazonado los distintos momentos álgidos de la crisis y no parecen que haya colaborado con sus advertencias a marcar un buen tempo en la orquesta del regulador financiero europeo. Más bien al contrario, la estrategia del BCE, según la opinión generalizada de los expertos, presenta un retardo temporal en relación con los sobresaltos que padece la economía. Ni prevé, ni calma a los mercados.

Europa tiene un mes de marzo pleno de retos, en el que el Consejo Europeo tendrá que reforzar el mecanismo de estabilidad e implementar una política fiscal europea capaz de corregir los desequilibrios presupuestarios ab initio y no esperar a los shocks del mercado de deuda para intervenir, con el efecto de arrastre que contamina gravemente al conjunto de los países. Y, además, se traslada al mercado divisas, cada vez más volátil, en un efecto natural que sobrealimenta el problema de la deuda.

Sin política de ajuste fiscal europea no habrá sosiego para relanzar la actividad económica y el Plan de Competitividad alemán, que obliga Zapatero a ligar salarios a productividad y no a la inflación – quién te ha visto y quién te ve, José Luis – es solo un aderezo más al poliedro que presenta la economía europea.

Es evidente que el déficit público y el consiguiente endeudamiento público es la primera corrección que se ha puesto en el new deal de la economía de la UE. Simplemente es intolerable y los países, todos, están haciendo ajustes presupuestarios y fiscales. Los avisos de Moddy´s a cuatro CCAA, Cataluña, Valencia, Murcia y Castilla-La Mancha, ya eran archiconocidos y habían sido anticipados por las autoridades españolas. Simplemente, ahora, recobran fuerza, con la marca de la Agencia norteamericana. Y frente a quienes cantan en un arrebato eso de, “soy español, español y que se meta Moddy´s sus valoraciones donde le quepan”, hay que recordar que los análisis técnicos de las agencias son examinados por los actores del mercado de deuda a la hora de tomar y cerrar posiciones. La respuesta de la ministra Salgado, tapándose con la aprobación del Proyecto de Ley de segunda reforma de las Cajas – o te recapitalizas o te nacionalizamos – era una simple excusa para pasar el trago, ya que la Agencia tenía descontada con anterioridad la medida legislativa, por mucho que le duela y lo sepa a la ministra.

Detrás del ajuste fiscal, vienen las medidas estructurales, en clave de control de la inflación, salarios ligados a la productividad y en términos de competencia, para no distorsionar el mercado de capitales y la localización de sociedades. La bronca solamente ha empezado, pero la armonización del Impuesto de Sociedades llegará, por mucho que Irlanda y Luxemburgo clamen al cielo reclamando su libertad impositiva. Los tiempos no están para bromas de paraísos fiscales en la UE.

Reducción de la deuda, control del déficit, contención salarial, armonización fiscal y preeminencia de los Fondos de Rescate y del Mecanismo de Estabilidad en el Presupuesto Europeo son los ases de la baraja económica.

Zapatero, cual alumno aplicado, está aceptando sin rechistar una tras de otra las dosis de ricino que Merkel y Sarkozy nos están recetando. Ya anuncia una Ley reguladora de la estabilidad de los presupuestos de las Administraciones y se ha hecho eco de la vinculación entre salarios y productividad. Esto significa que la agenda del Gobierno está marcada hasta el verano con nuevos paquetes de reformas y que el resultado de las elecciones municipales y autonómicas no va a cambiar el calendario gubernamental. La dosis, en pequeñas diócesis se digiere mejor.

A partir de septiembre, Moncloa pensaba que podrían avistarse algunos indicios de recuperación, que hoy están oscurecidos por la crisis Libia y el desastre de Japón. En ambos casos, el tiempo en que se despejen las incertidumbres no debería ser muy largo, a pesar de que la crisis de Libia se está enquistando más de lo deseado con la recuperación de territorios por las fuerzas leales a Gadafi y la permanente ausencia de una política univoca en la Liga Árabe. En Japón, la laboriosidad y eficacia nipona, asombrará una vez más al mundo en la recuperación de las zonas devastadas.

Tiempos difíciles y nuevas incertidumbres. América y Asia Pacífico e India son los beneficiarios de una crisis económica en la que la tortuga europea está sobrepasada por la liebre americana y el correcaminos de China e India. Galbraith escribió antes de tiempo “La era de la incertidumbre”. El cambio de siglo no ha hecho más que empezar.

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