Sinécdoque de Sinde

Los partidos no se atreven con internet y con los jóvenes y han dejado en la más clamorosa soledad a González Sinde, la ministra de Cultura y al Gobierno de Zapatero que han patrocinado el cierre administrativo de webs site en base a la protección de derechos de propiedad intelectual. Una especie de ley anti libelo que autorizaba a cegar una web que realizase intercambios de archivos.

Internet es un fenómeno universal, más allá de los controles de los poderes políticos que quieren imponer los gobiernos para que conozcamos solo aquello que deseen y veamos y oigamos lo que consideren oportuno. Wikileaks no hubiera sido posible sin internet y la democratización de la información molesta e incomoda a quienes se parapetan detrás de la razón de Estado. Los políticos siempre resuelven a su favor y en contra de los ciudadanos el viejo dilema “quien controla a quienes nos controlan”.

Aquí, el Gobierno de Zapatero le ha cogido el gusto a los estados excepcionales previstos en la Constitución y ha querido colocar de rondón en la Ley de Economía Sostenible –léase Ley del Gobierno en parihuelas- una guillotina frente a las bajadas e intercambios de archivos. Una restricción más de la libertad que hay que colocar en el marcador de Zapatero. Con el estado de alarma volvemos a los tiempos del Almirante Carrero y con la Ley Sinde, a la Ley de Prensa de Fraga. La Comisión de Control prevista en el Proyecto de Ley es un remedo de la Audiovisual que navega por Cataluña, repartiendo bendiciones y excomuniones a los medios de comunicación. Y no son otra cosa que un disfraz de independencia y profesionalidad con el que se disfraza el poder político.

La protección de los derechos de propiedad intelectual no puede estar anclada en restricciones de los nuevos sistemas de comunicación. La solución no está en cerrar webs site por orden de la Administración, sino en establecer una protección eficaz que tiene que tener, cuando menos, ámbito europeo, mediante unos procedimientos judiciales rápidos que conjuguen la libertad y la protección de los derechos de autor. El camino de la Ley de Protección Jurisdiccional de los Derechos Fundamentales de la Persona y de la Ley que protege los derechos del honor, la intimidad y la propia imagen son un buen ejemplo para proponer reformas legislativas necesarias que tienen que tener cauce judicial e, indudablemente, coordinación internacional.

La ministra de Cultura viene del mundo del cine español, un sector acostumbrado al proteccionismo y que prescinde de la libertad cuando impone cuotas de pantalla e inversiones obligatorias de TV en producciones. El perfecto medio ambiente para que el poder político socialista reparta sinecuras a cambio de spots publicitarios de apoyo a su líder Zapatero. Los que no pasan por el aro, como José Luis Garci y algunos más, producen sus películas a pulmón y quedan al pairo de la crítica del público.

Tenemos un ministerio de Cultura que presta poca atención a la lengua-le importa bien poco las multas de Cataluña por rotular productos en castellano y su condición vehicular- a pesar del fenomenal instrumento del Instituto Cervantes para expandir el idioma y la cultura por el mundo. Tampoco le interesa mucho el inconmensurable patrimonio histórico que posee y conserva la Iglesia, quizás porque está en manos de la Iglesia y no quiere acuerdos con el clero. Nuestro legado pictórico tampoco es objeto de mucha atención, mientras nuestro vecino, en Paris, rinde homenaje al impresionismo de Monet, en el Palais Royale y de Renoir en el Prado. Y los grandes creadores contemporáneos, como Antonio Lopez, ManoloValdes, Sicilia, Guinovart y tantos otros viven en el ostracismo del poder público, para su ventura

Cultura, con Sinde y Ciencia e Innovación, con Garmendia, son dos petardazos sonoros del Gobierno de Zapatero, cuyo Real Decreto Ley de reformas estructurales –la privatización de AENA y de las Loterías y alguna zarandaja más- es un paradigma de la estulticia política y la inanidad a la que puede llegar un Gobierno.

El Gobierno de Aznar promovió la ampliación del Prado y la construcción del Reina Sofía y recuperó para los investigadores españoles el Instituto Carlos III, a fin de impulsar el retorno de investigadores expatriados, entre otras muchas actuaciones en cultura y en investigación, como fueron los programas de conmemoración del Rey Felipe II.

El Gobierno da Zapatero solo aspira a controlarnos, ahora por la mano de la denominada, “liebre eléctrica”, que es como Bono llama a su compañero Rubalcaba. Pero ni un solo programa de promoción de la marca cultura y arte de España en el exterior, con el que apoyar a nuestro turismo y proyectar nuestra extraordinaria herencia cultural.

Zapatero, el presidente durmiente, promueve un país entre la princesa del pueblo y la liebre eléctrica. Para eso, mejor el efectismo de Kubrick con La Naranja Mecánica que, por lo menos rezumaba no dejaba indiferente.

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