Responsabilidad y crisis ¿quién paga la factura?

Hoy por hoy, solo tenemos la imagen de Bernard Madoff, el estafador de la pirámide de Palm Beach y sus docenas de pares zapatos, cada uno numerado, preparado para salir a subasta y cubrir, con su importe, la responsabilidad de sus clientes. Es el único condenado penalmente por la crisis que le rompió la cadena que tenía montada para pagar a unos con las inversiones de otros.

Todos los demás, porque alguno habrá, aunque sea solamente en cuanto a sus responsabilidades civiles, por administración culpable, están danzando por sus respetos, libres y coleando y hasta tienen tiempo para hacer análisis macroeconómicos sobre las causas de la crisis y sus remedios. Aquí nadie responde de nada, ya que hemos montado un sistema que ampara y protege la irresponsabilidad.

Las medidas de ayuda al sistema financiero no han sido acompañadas de una evaluación de la gestión realizada y de las decisiones estratégicas y puntuales tomadas por los directivos y los Consejos de Administración. ¿Quién autorizó la participación de entidades financieras en negocios de promoción inmobiliaria o en el capital de sociedades que han visto reducido considerablemente su valor bursátil? ¿En base a qué informes?

El PP está exigiendo responsabilidades en la Caja de Castilla-La Mancha y preguntado los controles que ha realizado el Banco de España y el Gobierno autonómico. En las últimas semanas, en los medios financieros algunos se ha asombrado que se autorizase el pago de obligaciones en Cajasur que, seguidamente ha declarado pérdidas por encima de 850 millones de euros.

Las demandas por responsabilidad negligente en la gestión se cuentan con los dedos de la mano y caminan con la lentitud propia de la justicia europea. Las directivas y reglamentos comunitarios han liberalizado la implantación de entidades financieras pero han sido incapaces de establecer un sistema de responsabilidades comunitario. Las ayudas a los Bancos han tapado sus errores – 85 mil millones para los bancos irlandeses- y los alemanes dicen que ya no les queda dinero para tapar más agujeros.

El sistema se ha situado en un circulo perverso, con una moneda única, con un Banco Central Europeo, con un sistema de Bancos Centrales, con el ECOFIN, el Eurostat y el FMI, en el momento histórico con más instrumentos, información e instituciones para controlar a los agentes financieros y se supone que los derechos de inversores y depositantes, cada cuatro meses vivimos una convulsión en los mercados y, cada día más se duda de la veracidad de los datos y de la transparencia de las entidades, Brokers, financieros y analistas convertidos en trileros de los mercados.

Los primeros impulsos exigiendo transparencia y disciplina reclamados por Francia y Alemania han perdido fuerza y la UE se mueve tapando vías de agua sin aprobar un marco jurídico estable que ponga orden y responsabilidad en el sistema financiero.

Se realizaron test de estrés pero su fiabilidad se ha puesto en duda con el fracaso de Irlanda. Ahora se aventura una nueva ronda. ¿Servirá de algo?

En este escenario europeo, la vulnerabilidad de España crece por días. Las próximas dos semanas son claves para comprobar si la soflama de Zapatero frente a los mercados está respaldada o es un ejemplo más de la inconsistencia del presidente del Gobierno. Cada día está más desgastado y el resultado de las elecciones catalanas ha hecho visible que las contradicciones de su política están alcanzando un nivel insoportable. La caída de los gobiernos –como la de los Dioses y la de la UCD- acontece cuando la contradicción entre lo que los ciudadanos esperan del Gobierno y lo que practica diariamente marca una profunda divergencia. La política evanescente asentada sobre elementos con alta carga ideológica se ha acabado. Los ciudadanos exigen a los políticos que no causen más problemas y, si es posible, que solucionen alguno. Si Rajoy gana las elecciones el cincuenta por ciento de la campaña electoral se la habrá hecho Zapatero. De momento el trasvase de votos desde el magma del centro que decide las elecciones, está en torno al 3 por ciento-así lo demuestra el resultado electoral catalana- un porcentaje pequeño que se ensancha con la caída libre del PSOE. Se necesita algo más para articular una sólida mayoría y abordar una política decidida que devuelva confianza y articule el pais.En Cataluña ha ganado la mayoría posible, pero no han ganado los constitucionalistas.

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