Adivina quién hará algo

El embate contra la deuda española que la ha llevado al top de riesgo de los últimos años, es un nuevo frente frío que ha barrido el crédito de la solvencia de España y que ha dejado en descubierto la capacidad de respuesta de la UE.

La unión monetaria y financiera europea se asienta sobre un modelo de comportamiento económico que no es único, sino que responde a la diversidad de los 27. Sobre una base plural en el comportamiento de los presupuestos públicos y en las cifras macroeconómicas, la vulnerabilidad de la UE está poniendo a la vista la limitación de los mecanismos de protección de la unión monetaria. El principio de estabilidad y el control del déficit público han sido ignorados y los controles sobre el sistema bancario son asimétricos en los Estados de la Unión. El establecimiento de un régimen disciplina bancaria y la atribución a una autoridad europea del control y la inspección bancaria, sencillamente no existe, al estar situada en los Bancos centrales. Nacionales. Este castillo de naipes, que sostiene la moneda única, ha provocado que países pequeños y periféricos, como Grecia, Irlanda y Portugal contaminen con su neumonía financiera a la propia UE, afectada de una gripe severa.

Europa, el Gobierno de la Comisión y la Cumbre de Presidentes tienen que establecer, urgentemente un sistema preventivo capaz de advertir de los desequilibrios que se produzcan en algún Estado miembro, con sistemas de corrección inmediatos para no reducir la respuesta a los Fondos de rescate y estabilidad, que se ponen en funcionamiento cuando el enfermo ha entrado en la UVI.

Como país, nos están pidiendo nuevos esfuerzos desde hace tiempo y aquí algunos continúan como en el cuento de Los Tres Cerditos, silbando mientras avisan que viene el lobo. Por mucho que desde la izquierda irredenta se quiera presentar la situación como una conspiración de los plutócratas y los mercaderes, lo cierto es que la lógica económica, la pura aritmética, se impone a las veleidades ideológicas contra el capitalismo. Si un Estado no es capaz de resolver sus problemas por sí mismo y contamina a los demás, tendrá que aceptar una cesión de soberanía para que se apliquen políticas de ajuste presupuestario y fiscal, materias que reclaman a voces una armonización previa en la Unión Europea.

La crisis está dejando en evidencia a los políticos. El Gobierno irlandés está hundido y la huelga general de Portugal está dirigida a la línea de estabilidad gubernamental. Aquí en España, la gente corriente clama en la calle por un acuerdo de mínimos que nos permita salvar el rubicón del año y medio que queda para las elecciones generales. Todo el mundo culpa al Gobierno de Zapatero por su inanidad e ineptitud, pero encontrar a alguien que hable bien de Rajoy y alabe su responsabilidad tiene menos posibilidades que acertar en el juego de euro millones.

La reiteración del PP pidiendo elecciones generales se ha convertido en una cantinela absurda y negativa. El cumplimiento de los mandatos electorales, que Aznar defendió durante su Presidencia, es una exigencia mínima para trasladar un mensaje de rigor, coherencia y estabilidad. En un momento como el actual, meter al país en un proceso electoral general, no haría sino incrementar el riesgo país y acentuar la sensación de que tenemos una clase política endogámica y reduccionista.

Zapatero, que es el presidente y quien publica el BOE, debería demostrar generosidad y altura de miras. A él le corresponde tender la mano y fijar un marco mínimo de acuerdos posibles. ¿Se imaginan que la reunión con los empresarios, sean 25 o 30, se hiciera en La Moncloa con asistencia de Zapatero y Rajoy y que seguidamente hubiera una reunión con los sindicatos y los representantes de los funcionarios públicos y con los presidentes de las CCAA? ¿Y que de todo ello saliera una hoja de ruta para el próximo año que lanzase un mensaje de confianza, rigor y estabilidad a los mercados?

Necesitamos un plan, un programa, un pacto de mínimos y unos políticos que den la talla frente a las tormentas que estamos pasando. Y que se dejen de hacer el gilipollas con los videos pseudo eróticos y los juegos de candidata lanzado bombillas.

Los jóvenes, según un estudio- “Jóvenes españoles 2010″- consideran deplorables a los políticos y el 71% manifiesta que anteponen sus intereses personales o de partido a los intereses ciudadanos. Menudo ejemplo.

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