Reformas estructurales

Las dos palabras claves. En Europa, Grecia fue el primer problema y ahora Irlanda y Portugal. En la trastienda España. El Eurogrupo no impone su plan de rescate a Irlanda, un pequeño país de 4,5 millones de habitantes, con menos población que la Comunidad de Madrid y que ha contagiado a las Bolsas a ambos lados del Atlántico.

Trichet, en el BCE, continua imperturbable, defendiendo su hoja de ruta y avistando una subida de tipos a medio plazo, en un momento en el que no se perciben signos de reactivación. Europa, raptada por los burócratas y los ortodoxos economistas del BCE, no da una respuesta a los problemas de la deuda de los países periféricos, demasiado pequeños para lastrar la economía, pero demasiado significativos para generar pánico en los mercados. Una Europa demasiado vulnerable, con un euro que implica una cesión de soberanía y que exige disciplina presupuestaria y equilibrios financieros.

El FMI y los fondos norteamericanos exigen a España reformas significativas, cada día más urgentes, para que no lleguemos al plural de “pig”. Pero el percal político sigue ensimismado en sus traumas psicológicos.

En la campaña catalana, los candidatos son un perfecto ejemplo de la incapacidad de la clase política para presentar un debate racional, sólido e inteligente de la realidad, con una perspectiva que sobrevuele las pequeñas miseria en las que se mueven cotidianamente. Puigcercós, lanza la piedra del déficit fiscal a los andaluces que, entre otros méritos, han contribuido al crecimiento de Cataluña con su trabajo y su esfuerzo. Artur Mas, repite su discurso pequeño burgués y nacionalista y se compromete a no exceder de tres mandatos, mentando el número 3, por ciento en el patio de las comisiones no explicadas. Y Sánchez Camacho, candidata del PP, se curra la campaña y se transforma en Lara Croft, focalizando la campaña en los pobres inmigrantes, un ejemplo más de la capacidad de producción de Nuevas Generaciones. Debía haberse dedicado la candidata a hacerse más fotos con Núñez Feijoo y con Basagoiti que son jóvenes y piensan con la cabeza.

En el escenario nacional, el PSOE se alivia del problema de Frente Polisario y se libera de las fotos del pasado. Marruecos y su Rey son un aliado occidental estratégico para EEUU, Francia y por supuesto España. Nuestro Rey llama hermano al monarca alauita y su posición internacional es más importante que los tratados de pesca y de frutas con la UE.

La diplomacia y las relaciones internacionales no permiten desahogos y excesos verbales y, menos, a un mediano país, como es España. Trinidad Jiménez ha estado bien asesorada y ha evitado montar un clímax en el que algunos pedían la intervención del Guerrero del Antifaz para defender el poblado saharaui. Francia y EEUU no han abierto la boca y la solución del problema del Sahara exige una actuación concertada y pactada con Marruecos. España con Francia debería jugar el papel adecuado, que no es otro que el establecimiento de un marco de dialogo que reconozca la autoridad marroquí, por mucho que nos pese. El pasado no se recupera y la descolonización del Sahara no está en los anales de nuestra historia. Pero abordar la política internacional desde la perspectiva de un sentimiento de culpa colectiva es, además de un error, una estupidez.

El problema está en la economía y -malgre luí– el dinero y el mercado son soberanos y actúan con una implacable racionalidad. España necesita un plan de ajuste para sus finanzas públicas que recorte presupuestos, suprima organismos, reduzca gastos superfluos y racionalice el despropósito de unas CCAA que han mimetizado el Estado y reproducido todos los excesos de una política instalada en el despilfarro.

Hace diez años, en la crisis de los 90, se presentó la idea del presupuesto cero, una metodología que plantea la revisión de todos los gastos para evitar la inercia y los deslizamientos automáticos de las distintas partidas. De la crisis se saldrá, sin duda, pero el manejo de los tiempos exige unos mínimos acuerdos estructurales entre el PSOE y el PP, en el sistema de Seguridad Social -pensiones, jubilación y sanidad pública- la corrección de la política fiscal y financiera de las CCAA, implantando un efectivo sistema de corresponsabilidad con reducción de su participación en los ingresos del Estado y la promoción de la marca España para captar el crecimiento del turismo -800 millones de turistas a Europa previsto en los próximos años-. Una promoción que debe integrar y unificar la dispersión de los programas lanzados desde las administraciones territoriales.

Un programa de mínimos para salvar lo que queda de legislatura ¿Es posible o necesitamos una reforma estructural de los líderes?

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