Religión y política

A falta de pan, buenas son tortas, y como aquí el Gobierno no quiere hablar de reformas estructurales y está instalado en la complacencia de la situación –menudo papelón de Sebastian y Garmendia, el teórico think tank del gobierno para la nueva economía- han resucitado el debate sobre la laicidad del Estado al rebufo de la visita de Benedicto XVI. Alguno incluso se quejan de que Ruiz Gallardón había puesto altavoces en el centro de Madrid para retrasmitir, en vivo y en directo, la homilía de Rouco con motivo de la misa de La Almudena. Un cardenal con formación germánica y profundidad intelectual que conoce bien, pues fue su tesis doctoral, la historia de las relaciones entre la Iglesia y el Poder Político.

El dúo senior del Gobierno, Rubalcaba y Jáuregui, dos hombres y un destino, se han desmarcado del lío de la nueva Ley de Libertad Religiosa que los junior, alborozados por un nuevo signo de identidad de izquierdismo irredento, patrocinaban para seguir practicando el funambulismo político en plena crisis económica.

Después del sainete de la presencia del Gobierno en la visita de Benedicto XV, a modo de camarote de los hermanos Marx-salía Rubalcaba de la sacristía y entraba Blanco en la Misa – se ha comprobado los problemas psicológicos para observar con normalidad el hecho religioso en España de una parte del zapaterismo-esto no le pasaba al felipismo que comunicaba en el registro institucional del Cardenal Tarancón.

El PSOE de Zapatero continua perdido en la globalidad y en la crisis, mirando permanentemente al pasado como método justificativo de su inanidad presente. Rubalcaba tiene que emplearse a fondo para reactivar un Gobierno atrapado en un mundo ideal que se le ha derrumbado sin que Zapatero se explique como le suceden a él y a Obama estas cosas. Un Gobierno al que se le desata la crisis del pueblo saharaui mientras Trinidad Jiménez, Ministra de Exteriores se dedica ponerse el ponche para hacer un “beau geste” con el indigenismo.

Mientras el PNV, por medio de Urkullu, pide a Europa que intervenga en el conflicto vasco para “impulsar el proceso de paz“.Un auténtico disparate que niega la soberanía del Estado y que replantea la tesis de ETA como un conflicto político que requiere una solución mediante un pacto entre el Estado y una organización terrorista o, en el mejor de los casos, una serie de partidos independentistas situados en los aledaños de la organización terrorista. Y estos dicen que pueden pactar con Rajoy. Esperemos que no.

Los primeros días de Rubalcaba no han sido muy positivos y le han puesto al borde de un ataque de nervios con el descontrol de Zapatero que se viste de fuerza especial en Afganistán, Benedicto XVI en Madrid, la represión marroquí, la nueva tensión en el mercado de deuda y por si faltaba algo, el PNV pidiendo la mediación de Europa.Pobre Rubalcaba que pasa del papel de Fouchet al de Louis de Funes en un Gendarme en la Costa, Zapatero intentando controlar la situación política y a sus compañeros de gabinete.

Volviendo a la religión. La Iglesia católica, fuera del hecho religioso, en su función social es una inmensa ONG que atiende servicios educativos, sociales, sanitarios, asistenciales y culturales. Alguien de la jerarquía debería explicar lo que supone la Iglesia en la economía de España, en estos tiempos actuales y el balance fiscal de lo que recibe del erario público y lo que aporta a la economía. Sin duda que la Iglesia necesita una mejor comunicación social en el espacio global de la información. Y seguro que hay métodos, liturgias y posiciones que necesitan un aggiornamiento. Los sectores de la Iglesia más avanzados intelectualmente han perdido peso y presencia en la reflexión sobre los cambios y nuevas formas que toda organización tiene que abordar, hoy como una asignatura ineludible ante los nuevos retos y la rápida transformación de todos los escenarios.

Quizás porque los intelectuales que piden cambios y plantean los debates con intensidad están desparecidos en la nueva sociedad de “low cost”.

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