El dilema González

No creo que me equivoque mucho en el porcentaje, pero probablemente el 95% de los votantes del PP y el 85% de los del PSOE hubieran apoyado, consentido o tolerado la decisión de Felipe González si hubiera ordenado volar a la cúpula de ETA. Sin duda, ninguno hubiera querido enterarse. Pero González decidió conforme a la Ley y no dio la orden, aunque todavía rememora el dilema.

Lo que es absolutamente despreciable, porque es un puro ejercicio de farisaísmo y de ausencia de honestidad intelectual, es el ejercicio de “quiniela marcada” que algunos quieren hacer arrogándose una supremacía moral gratutita. Se han cumplido 40 años del primer crimen de ETA –el etarra Txabi asesinó al guardia civil José Ángel Pardines. Desde entonces, el terrorismo ha condicionado la vida política española, durante la dictadura y en la democracia y nada hubiera sido igual si el macabro protagonismo de la banda terrorista. Especialmente para las víctimas y sus familias.

La observancia del pasado desde la realidad presente, descontextualizando la historia es un ejercicio tramposo y falaz de quienes practican la peor doble moral: el engaño, como muestra del desprecio con el que practican la venganza.

González ha hecho un ejercicio de sinceridad – porque los políticos solo pueden ser sinceros cuando abandonan la política – y ha querido abandonar el jarrón chino, que nadie sabe donde colocar, en el que se convierten los ex presidentes. La confesión es una práctica saludable que tiene efectos positivos en el camino que va desde la psicología a la religión, y conforme a la doctrina católica, a diferencia de la protestante, limpia del pecado.

Escandalizarse por la revelación de que los servicios de seguridad del Estado presenten al presidente del Gobierno una propuesta de intervención contra ETA en Francia es una soberana estupidez. Un planteamiento similar lo han hecho los distintos servicios secretos de los Estados democráticos en algún momento de la historia. ¿Es necesario recordar la OAS en Francia en la independencia de Argelia o las actuaciones de los servicios secretos alemanes contra la banda Baader Meinhof, sin necesidad de acudir a episodios más recientes en EEUU o en el Gran Bretaña?

El terrorismo es una forma de guerra contemporánea y en la guerra no rigen los derechos civiles sino el derecho de guerra y los convenios internacionales. Todos demandamos seguridad pero ninguno queremos pagar su precio y endosamos a otro el trabajo sucio. González ha contado solamente una parte del iceberg de la política que está sumergido y al que hoy accedemos con más libertad gracias a Internet…

Mientras escribo este artículo, veo nuevamente la película de Polanski “El Escritor”, la historia del “negro” (The ghost writer) que escribe las memorias de un Blair que al final muere asesinado por el padre de un soldado fallecido en la guerra de Irak. El guión plantea el día después de un ex presidente y cómo sobrevive o muere ante sus dilemas morales. Polanski mata también al escritor, resolviendo abruptamente la trama.

El cardenal Rouco, al acusar de un laicismo desmesurado a la sociedad española, ha distorsionado en un caleidoscopio la imagen del país. Hoy lo que predomina es el engaño y la impostura de unos políticos que se dirigen a los ciudadanos con la consideración de que son idiotas. La verdad por el contrario, es revolucionaria. Y la condición necesaria para ejercer la libertad.

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