Menudo país

La imagen de España esta semana oscila entre la apertura del juicio en el caso Malaya y la huelga general. Un espectáculo con sesión doble: el parque jurásico de los sindicatos y los buitres de Marbella, con toda la parafernalia de la prensa del corazón y una instrucción sumarial que va a ser cuestionada por los abogados defensores.

Aquí nadie de los sindicatos da una explicación solvente de las razones que justifican una huelga general, que es un instrumento político para derrocar un régimen o cambiar un gobierno, Actualmente, la economía está diversificada, globalizada y responde a unas nuevas estructuras que los líderes sindicales quieren desconocer con una grave miopía. Tenemos unos líderes sindicales que están anclados en el pasado, han perdido sitio en la sociedad y no han sido capaces de incorporar a los jóvenes a sus organizaciones No hay más que comprobar las imágenes que ofrecen las TV de los actos de promoción de la huelga para comprobar como los dos millones de jóvenes parados -tenemos un cuarenta por ciento de paro juvenil- les han dado la espalda hace ya tiempo y no confían en su anticuada verborrea.

La reforma laboral ya la ha hecho la crisis y las modificaciones legales solo han servido para lanzar un mensaje a los mercados internacionales y parar el chaparrón que nos venía encima hace unos meses. No nos metieron en el corralito de milagro y como país seguimos en libertad vigilada, lo cual es una suerte habida cuenta las veleidades de Zapatero.

El problema es la imagen que España dará con la huelga general. Los sindicatos padecen la misma crisis de identidad que la izquierda y no sabe como responder a una economía que ha pasado de la penosidad de las fábricas preindustriales a Internet, los autónomos, los profesionales, las pymes,la internacionalización y los emigrantes desempeñando los servicios sociales y cuidando a enfermos, niños y mayores.

Esta huelga es un partido entre el Gobierno del PSOE y los sindicatos que vamos a pagar y padecer todos. Zapatero probablemente ha incumplido su palabra y los compromisos que mantuvo en privado con los líderes sindicales y, una vez más, como hizo con Artur Mas en el Estatuto y con Patxi López en la negociación con el PNV. El apretón de los mercados le obligó a reaccionar con urgencia y tras un año de reuniones de empresarios y sindicatos, tuvo que gobernar.

Las medidas y especialmente la reducción de déficit han servido para detener la peligrosa deriva en que estábamos metidos y un modelo de política económica caracterizado por la inacción y los cheques regalo en un Estado progresivamente descuartizado. No hizo caso a los organismos internacionales ni a su ministro Solbes y la economía y las finanzas son implacables y no juegan de farol. Las bromas del ministro Sebastian sobre el coche eléctrico, las bombillas y las corbatas tenían un corto recorrido.

El problema de los sindicatos es que quieren cogobernar y en una democracia el poder legislativo está en el Parlamento. La renovación de sus líderes es un misterio, su democracia interna desconocida, sus finanzas un arcano indescifrable y el número de liberados incontable. Organizaciones cerradas que necesitarían una reforma aunque solo fuera para evitar la permanencia por décadas de sus dirigentes y el sistema de sucesión dirigido que tienen montado.

Al otro lado de la acera, el caso Malaya que presenta la cara de la corrupción municipal alrededor del urbanismo en el entorno privilegiado de Marbella con el telón de fondo de la prensa del corazón. Políticamente, Chaves, ex presidente andaluz y Vicepresidente de Administraciones Territoriales, debería dar alguna explicación del tremendo entramado que se monto bajo su presidencia y el estado contemplativo del poder autonómico que tenía medios para haber conocido y haber evitado el saqueo de Marbella y el espectáculo que dio la trama organizada.

Con la semana que tenemos, solo nos queda el futbol y si quiere conocer la información, comprar algo, reservar un billete, ver una película, hacer una transferencia o tener una conferencia de trabajo, hágalo por Internet.

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