Zapatero sin stop loss

El barómetro del CIS del mes de julio refleja, en términos bursátiles, que el PSOE se mueve en un canal bajista que no se para. Desde enero de 2009, en dieciocho meses, la pérdida electoral de Zapatero se sitúa en un 4,6 por ciento. Si continua al mismo ritmo el desgaste electoral, llegaría a las elecciones de 2012 con una perdida superior al ocho por ciento respecto a enero de 2009, lo que situaría al PSOE en un porcentaje alrededor del 32 por ciento del voto electoral.

El PP ha crecido desde la misma fecha un 1,5% en los dieciocho meses transcurridos y por tanto, su techo electoral estaría, en la proyección de 2012, en el entorno del 43 por ciento de los votos, lo que determinaría su mayoría absoluta.

La foto de  2012 sería muy similar a los resultados electorales del año 1986, en los que el PSOE, revalidó la mayoría absoluta con 184 escaños y  la suma de Coalición democrática y el CDS alcanzó 134 diputados. Pongan, ahora, al PP con 180 diputados y al PSOE con 130.

El CIS presenta un PSOE cuyo suelo electoral podría estar en el 30  por ciento que debería ser la cifra en la que los socialistas activasen el stop loss.Si en Bolsa, llegado ese punto, lo que se hace es vender, en un partido político la activación del stop de pérdidas tiene que producir un cambio en el cartel electoral.

La cuestión es si en nuestro sistema político, los partidos realizan un análisis empresarial de su organización y actividad, una auténtica evaluación de la gestión política. La respuesta  es un rotundo “no”, más allá de las encuestas externas e internas que manejan. Si trasladásemos los procedimientos empresariales a la vida política, es evidente que los suspensos  que les dedica la encuesta del CIS a nuestros representantes hubiera motivado un despido procedente por una gestión manifiestamente incompetente.

Tiene, sin embargo, gracia que a la hora de juzgar a los compañeros de partido, caso por ejemplo de Tomas Gómez, se pongan a escudriñar encuestas, como los augures destripaban las vísceras de los animales, que nunca se hacen públicas, con el objetivo de  descabalgar al presunto candidato. A Tomas Gómez le han dejado con más flechas que a un San Sebastian asaeteado. Hace tiempo que Blanco le marcó con una “S” de senador por exclusión y lo sacaron del terreno de juego de la Comunidad de Madrid. A los padres de la Constitución se les olvidó poner que los partidos políticos no se rigen por la democracia interna, ni cuando elaboran las listas.

El PSOE tiene por delante un panorama complicado. Es evidente que no se van a adelantar las elecciones y que esperan que lleguen tiempos mejores que alivien  la crisis. Pero no es menos cierto que la perspectiva electoral del 2011, elecciones municipales y autonómicas, no es muy halagüeña. Si  el ultimo domingo de mayo se consolida el deterioro electoral de Zapatero, el malestar interno hará crisis y se extenderá por alcaldías y autonomías dejando tras de sí una pléyade de cesantes, que imputaran los malos resultados al inquilino de La Moncloa. Las aguas pueden empezar a revolverse y más  aún si el precedente de las elecciones catalanas muestra un claro desafecto al PSC, aunque dado el panorama de su clase política, el partido ganador de las elecciones debería ser el de la abstención.

Zapatero tiene que jugar fuerte a partir de la reanudación del curso político en septiembre. Le interesa recuperar la inicativa, acercar posiciones con los nacionalistas, lo que ya está haciendo y no dejar que Rajoy se esconda en el rincón para que no se le vea en el cuadrilátero. Después del fiasco de la Presidencia europea necesita contacto personal con los ciudadanos y campaña de imagen para reafirmar su liderazgo. La frase del debate del estado de la nación,”tomaré las decisiones que tenga que tomar, cueste  lo que me cueste”, demuestra que la estrategia electoral de Ferraz nos va a presentar la imagen de Roberto Alcazar y Pedrín, Zapatero y Blanco, luchando  a brazo partido contra los especuladores y los privilegiados, papel hoy asignado a los controladores, mientras por la retaguardia les ataca la caballería de la derecha.

El panorama del barómetro CIS es, en todo caso desolador en cuanto  a la valoración de los representantes políticos. No se salva ni uno. El mundo de la política se ha convertido para los ciudadanos en los siete infiernos de Dante.Incompetencia, corrupción, vacuidad, mentiras, lejanía, abusos y endogamia enmarcan una clase política que ha presentado su auténtica cara en la crisis.

El problema de la falta de confianza en quienes deberían liderar la política es que no hay stop loss. Como dice el principio de Peter la confianza en nuestros representantes es susceptible de empeorar.

0 comentarios

Escribe tu comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Agradecemos tu participación.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *