Más cerca de 5 millones

El paro ha vuelto a crecer en el segundo trimestre del año y hemos llegado al record histórico de 4.650.000 parados, el 20,09 de la población activa. Lo que es lo mismo, 1 de cada 5 españoles en condiciones de trabajar está en paro. En Andalucía, situada  en el cajón de la medalla de oro, el porcentaje de paro supera el 27 por ciento.

El contador del paro sigue subiendo, sin que se vislumbren signos de recuperación económica  que consoliden un crecimiento por encima del 2.5 por ciento, que es la cifra mágica a partir de la cual se crea empleo. Un horizonte demasiado lejano para una economía que tiene todavía por delante ajustes fiscales. Los recortes en obra publica que ha presentado Blanco, el Ministro manos tijeras, van a destruir más empleo por el efecto cascada que produce la subcontratación  en las medianas y pequeñas empresas auxiliares, que carecen de los flotadores que la diversificación e internacionalización proporciona a las grandes constructoras.

El Gobierno de Zapatero, hasta el momento, es incapaz de cortar la hemorragia del paro  y solo ha conseguido una prorroga de no más de tres meses, hasta el debate de presupuestos, en e l que tendrá que presentar medidas estructurales que estabilicen y preparen el crecimiento de la economía española. Por el momento, los mercados internacionales y los grupos de Congreso no le han dado más que un plazo y algo de oxigeno para que no se ahogase antes del verano. Los deberes siguen encima de la mesa y la UE, el FMI, el Banco Central Europeo y los indicadores de la deuda en las Bolsas nos vigilan.

El núcleo del problema sigue estando en la necesidad de acometer reformas estructurales en nuestra organización política y financiera que el Presidente Zapatero no quiere impulsar. Con un modelo de descentralización en el gasto, sin corresponsabilidad fiscal de las Comunidades Autónomas, acostumbradas a vivir de prestado y plantear su acción política como una permanente reivindicación al Gobierno central, el  control del déficit y la eficiencia en el gasto público es una entelequia.

La globalización y las nuevas tecnologías penalizan un modelo económico de país basado en compartimentos territoriales y en el principio de Juan Palomo. Solbes utilizó la expresión del sudoku autonómico que, en nuestra financiación pública nunca da cien. Como en el juego de la pirindola, siempre todos ganan y la banca, en este caso el Estado solo tiene el papel del repartidor.

No hay nada más lejos de la modernidad que unos sistemas sanitario, educativo y judicial estancos entre CCAA, lo que impide una planificación de recursos y optimizar los medios humanos y materiales.

Zapatero lleva seis años sacando todo a subasta, desde nuestra política internacional al modelo territorial. El recurso al supuesto dialogo, como instrumento que pretende  identificar su acción política, ha originado una desintegración de la vertebración de la sociedad española. Y realmente su capacidad para llegar a acuerdos con el Partido Popular ha sido nula. Ni lo ha intentado, porque su estrategia estaba basada en arrinconar históricamente a la derecha opositora, ni le ha interesado pensado que, con ello, la aniquilaría políticamente.

Sin embargo, el  nuevo orden que aventuraba se ha caído por mor de la dura realidad.Ni la alianza civilizaciones, ni  el nuevo modelo de economía sostenible, ni la desaparición de los signos de identidad nacionales.

Con una cierta perspectiva, podremos afirmar que la crisis financiera y económica nos ha salvado de una veintena de años de gobierno de Zapatero. Si la fase expansiva de la economía hubiere continuado, Zapatero hubiera oficiado de aprendiz de brujo sin desmayo. Después de todo y dentro de algunos años, daremos las gracias a las sub prime, Lheman y Madoff.

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