Zapatero sale de Barataria

La medicina ha incorporado su terminología a la economía: estamos inmersos en una crisis sistémica. Lo ha escrito hasta Felipe González. El diagnóstico ha recibido consenso, pero el tratamiento y la evolución del enfermo nadie es capaz de predecirla.

Los brujos de la tribu, los nuevos chamanes, las agencias de rating, danzan -danzad, danzad malditos- alrededor del fuego sagrado de la ortodoxia financiera y la solvencia económica, mientras agitan plumas, patas de gallo y esparcen las vísceras de los chicos Goldman y los ejecutivos de Bancos de inversión al crepitar del fuego sagrado.

En la imagen que se proyecta cuando se hacen los conjuros de la piel de toro -la España de la ínsula de Barataria- se dibuja como arden hasta los sucesores del cura Castillejo a la sombra del califato de Córdoba, mientras descienden por las escaleras del reino de Botero las Cajas de Ahorro. Solo dos personajes se apiadan de ellos, Rato y Fainé, que lanzan pequeños cubos de agua para aplacar la sed y el calor del fuego.

En un risco de la Ínsula, Zapatero, apoyada su barbilla sobre el puño de la mano, como el pensador de Rodin, cavila mientras se pregunta, una y otra vez, donde ha ido a parar su sueño, por qué se ha desvanecido, como un espejismo del desierto hace desaparecer el oasis a los ojos de la caravana.

La revancha de Zapatero, el verdadero cambio, el que no hicieron ni los guerristas ni los tecnócratas de Solchaga, se derrumba como un castillo de naipes que intenta atrapar el Ministro Blanco, corriendo de un lado a otro de la Ínsula, transformado en el conejo con reloj de Alicia en el País de las Maravillas.” Es la hora, es la hora”, repite

El vendaval del euro, malgré lui, enfurece a Ángela, la estricta gobernanta dispuesta a aplicar la más severa disciplina a quien no cumpla sus obligaciones. ¿No sabíamos que cuando entramos en el Mercado Común y después en la UE y en la moneda única, cedíamos soberanía?¿No era el mejor remedio para blindar nuestra democracia y evitar tentaciones golpistas?¿No le dimos la firma al eurócrata Delors -”lo que usted no me explique en un folio, no me lo puede contar en diez”?

La Europa de los Estados, que solo se vertebra con los estudiantes en sus cursos y fiestas del Programa Erasmus, la Europa de los mercaderes, ha dejado ver sus caras más vulnerables, sus tejidos blandos y la globalización ha saltado la línea Maginot, que habían tejido, esta vez juntos, Sarkozy y Merkel. Se les escaparon Grecia y España, las dos naciones que articularon, junto a Roma, la Cultura europea.

Zapatero se ha quedado solo. Duran, el mejor parlamentario, el hombre sensato, le ha firmado una letra de cambio a vencimiento de seis meses de vida. Ha hecho el trabajo que no querían hacer ni la izquierda de IU y ERC ni Rajoy, que le brillan los ojos, huele sangre y esconde las garras bajo las largas mangas de sus trajes, viendo como el Bambi se queda solo y desprotegido de la manada. Por fin ha llegado su hora y las campanas de Santiago repicaran un día su nombre: “Raxoi, Raxoi”

Todo lo demás es ruido de feria. Los personajes secundarios, el pájaro espino la vicepresidenta, Alicia-Bibiana, el conejo de la hora-Blanco, Rasputín-Alfredo, miran desoladamente los círculos que los buitres dibujan sobre la figura de Zapatero.

No le han dado ninguna salida. Obama el líder universal apretó el botón para que cayera el telón con la misma frialdad con que Truman dió la orden sobre Hirosima y Nagasaki. Ya nada será igual. Solo queda llamar a los fieles con los que entró por la puerta de la gloria, Caldera y Luis Fernando, el canario, y cambiar el decorado. Y Solbes, donde está Solbes. ¿Solo cultiva flores entre Alicante y Majadahonda?

Qué dura es la política para quienes viven en el país de la utopía y las ensoñaciones. En unas horas, el morlaco de la economía te deja en descubierto, desnudo de ropajes y limpio de vanidades.

Ya solo queda la selección.

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