La política de Cicerón

En la casa de Publio Escipión, se desarrolla  el diálogo sobre la República, con la participación de cuatro juristas, Mucius Scaevola, Manio Manilio, Quinto Aelio Tuberon y Publio Rutilio, en la que se recogen algunos escritos rotundos: “Muchos subterfugios se alegan como excusa para disfrutar mejor del ocio, cuando se dice que sólo suelen acceder a la política personas que no valen para nada, con las que es ruin alternar. Y desgraciado y arriesgado el enfrentarse con una muchedumbre enardecida. Esta es la razón por la cual no sería digno de un sabio tomar las riendas cuando no es posible frenar los arrebatos locos y salvajes de la masa, ni propio de un hombre libre, luchar con adversarios sin escrúpulos ni humanidad. O exponerse a injurias que son indignas de un sabio, como sí para dedicarse a la política las personas honestas, firmes y de gran valor, no hubiese causa más justa que la de no someterse a los malvados, y no soportar que éstos arruinen la república, porque, si ellos mismos quisieran poner remedio, tampoco podrían conseguirlo”.

En esta España nuestra, cuando han transcurrido dos mil sesenta y cuatro años desde que Cicerón comenzara a escribir su obra, los ciudadanos, como sus discípulos, le preguntarían “¿qué provecho podrían obtener los que cumplen la Ley?”

Veinte años después de la refundación del PP y con los Idus de Marzo que han traído la apertura del sumario del caso Gürtel, como en aquel tiempo, en una Semana Santa saltó el caso Naseiro, la política se desarrolla entre un Gobierno que ha conseguido desmoralizar al país y ha elevado a dogma  la vacuidad  y una oposición a la que se le pega el lodo de los casos de corrupción y pone plomo en sus alas para recuperar el Gobierno.

Los políticos son el tercer problema del país, según las encuestas del CIS, solo detrás del paro y la economía, sin que nadie tenga la menor voluntad de remediarlo. Zapatero ha convertido el oficio de gobernar en una nebulosa, donde lo único cierto es que vamos a pagar, todos, 590, millones de euros  para promocionar el coche eléctrico mientras nos cuenta que nos ahorramos 280 millones de euros en funcionarios públicos del Estado.

La oferta de empleo público para 2010 es una buena muestra del modelo de gobierno con que se pasea en la evanescente Presidencia europea el equipo de Zapatero. En la Administración del Estado 716 puestos de trabajo de los que 230 son ayudantes de instituciones penitenciarias-¿será para controlar los 800 políticos inmersos en causas penales?- 194 personal laboral contratado-”José Luis, colócanos a tos”-, de los cuales 92 van a AENA para cubrir las bajas de los controladores del gladiador Blanco.

Menos Estado, menos Cuerpos del Estado y más coches eléctricos para convertir las ciudades en un inmenso campo de golf   de cemento y baterías acumuladas en las estaciones de servicio, mientras seguimos comprando la energía nuclear que los franceses nos venden para fortalecer y subvencionar el I+D de su industria de automóviles.

Es el peaje que hemos pagado para que la vicepresidenta de Economía cuente una milonga a los brokers, hedge funds y traders  de Londres, dispuestos a zarandearnos en el campo de juego del euro y a obtener beneficios del perro flaco de la economía española, administrada por un Gobierno que ha conseguido sentar en el banquillo al juez Garzón, poniéndole a su inmensa vanidad el cebo de la Ley de Memoria Histórica – lo que nunca pudo Felipe y su ministro de justicia Belloch , asistido por sus secretarias de Estado de la época, Margarita Robles y De la Vega.

Rajoy, el hombre honesto sin duda, tiene que sajar, con mano firme de cirujano, los brotes negros de la corrupción que han crecido en la esquinas de la calle Génova después de años, como recuerdo del ADN de golfos y sobrecogedores. Y debe reconocer que el PP se equivocó al contratar al proveedor Correa y que no saltaron las alarmas internas hasta el 2004, cuando las manos negras buscaron estómagos agradecidos a los que  untar con regalos y dinero fuera de la calle Génova bajo el cobijo y el amparo de las relaciones entabladas.

La audacia es la virtud de los valientes y Rajoy tiene la gran oportunidad de movilizar el cambio político que el país reclama a gritos. Una nueva forma de gobernar y de hacer política, que restablezca la confianza y continúe la modernización que impulsó el Gobierno Aznar en 1996. Como en el fútbol los equipos necesita entrenadores que den órdenes –menudo espectáculo  de Guardiola en el Bernabéu- en la política se requiere que el líder ponga a cada uno en su sitio y a todos a trabajar en el proyecto común.

Mariano, interrógate como Cicerón:” ¿A caso puede verse alguien apremiado por mayor necesidad de la que tuvimos nosotros, en la que nada hubiera podido hacer de no haber sido yo cónsul en aquel momento?”

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