No hay certezas pero sí motivos de preocupación

Por el repunte europeo de la pandemia vuelven los confinamientos, esta vez empezando por Austria, y en la UE no saben qué hacer ni siquiera se atreven a recomendar el pasaporte de vacunación obligatorio para todo y por todas partes, porque de temen que el rebrote de la pandemia aborte el despegue de la economía y ponga en jaque la recuperación de la UE.

Una Europa a la merced del gas de un Vladimir Putin (que acaba de disparar un misil contra uno de sus satélites en órbita), que empuja emigrantes de Bielorrusia hacia Polonia y que acumula tanques y soldados en la frontera de Ucrania. Mientras la OTAN, desconcertada y decadente, tampoco sabe qué hacer, aunque cree que esta vez los rusos no darán un paso al frente como lo dieron hace no mucho tiempo en Crimea.

Pero en Moscú saben muy bien que los Estados Unidos acaban de salir huyendo de Afganistán y que el presidente Joe Biden es un blandito que le ha dado la espalda a Europa, para pavonearse con su alianza AUKUS en el Indo Pacífico frente al poderío económico y militar de China, que amenaza a Taiwán como se lo recordó recientemente Xi Jinping a Joe Biden por videoconferencia.

No pasará nada dicen los expertos y analistas de Occidente en la creencia de que las relaciones económicas y financieras en el mundo global son interdependientes y que una crisis militar derrumbaría el gran tinglado del comercio internacional. Pero hay algo que Occidente olvida con una gran facilidad: Xi Jinping y Vlademir Putin no responden ante sus pueblos, no les importa el derecho internacional y no tienen instituciones democráticas a las que deban someterse.

Y es bien posible que por la cuenta que les trae a estos dos, chino y ruso, no pase nada grave y así lo esperan en Washington y en Bruselas. Pero no hay que fiarse sino estar preparados porque una chispa puede provocar un incendio imposible de controlar.

En España todo esto nos parece un relato de ciencia ficción, aunque aquí también tenemos nuestras preocupaciones internas y sobre todo carecemos de una clase política nivel y con cortas miras que les impide ver al Gobierno y a la Oposición la gravedad del momento que vivimos por la fatal ausencia de un gran pacto de unidad nacional, como el que tienen en Italia, Francia y Alemania.

Aquí en el flanco del Gobierno al presidente Sánchez no le preocupa otra cosa que su permanencia personal en el poder al precio que sea e incluso a costa de destruir los pilares de la Transición y la Ley de Amnistía de 1977, para comprar los votos de los golpistas de ERC para los PGE de 2022, y de paso contentar a los pro etarras de Bildu y los separatistas de PNV.

Y en la Oposición asistimos al constante desafío de Isabel Ayuso al líder de su partido Pablo Casado, para que le convoque de urgencia un congreso del PP de Madrid que Ayuso quiere presidir para, desde ahí, lanzarse a por el liderazgo del PP nacional, con ayuda de la inefable Cayetana y de medios conservadores de comunicación (Casado desprecia a los periodistas) que, con sus encuestas variadas están calentando la ‘Operación Puerta del Sol’.

Vivimos en Europa y en España en la creencia de que nunca pasa nada y ojalá que así sea y que la recuperación económica y sanitaria se abrirá paso en pos de eso que se llama ‘la normalidad’. Pero no hay certezas sino más bien indicios inquietantes que no conviene despreciar.