El Gobierno confía en su buena suerte

El presidente Pedro Sánchez sigue a lo suyo en pos de unos PGE para 2022 que le garanticen la legislatura y en busca de un acuerdo de mínimos sobre la reforma laboral que incluya a la CEOE y reciba las bendiciones de la UE.

Todo lo demás del repunte europeo de la pandemia, donde la España de las vacunas parece fuera de peligro, o del riesgo de ‘gran apagón’ o del impacto de la inflación en la economía y las finanzas son datos que el Gobierno no tiene en cuenta porque los considera aleatorios. Y ajenos a un maremoto de alcance europeo e internacional, como si España estuviera a salvo de estos riesgos que planean sobre la escena exterior.

Sánchez está seguro de sus alianzas en el Gobierno de coalición y ve a un PP debilitado por los desafíos de Ayuso al liderazgo de Casado, lo que en La Moncloa produce, como es lógico, gran satisfacción.

Pero la tormenta comercial de los suministros, los transportes, la energía, la producción y los carburantes está ahí al acecho y no depende de lo haga o no haga el Gobierno español. Porque el impacto y desarrollo de estas más que posibles disfunciones internacionales tienen sus centros de decisión en grandes potencias como China, Rusia y los Estados Unidos y ahí ni España y ni siquiera la UE tienen capacidad alguna de intervenir.

Más bien al contrario nuestro país iría a remolque de las decisiones y los acontecimientos que nos vengan impuestos desde fuera. De ahí que nos sorprenda el hecho de que no exista un ‘gabinete de crisis’ o seguimiento para atender a cualquier inclemencia sobrevenida y tener preparadas unas respuestas de urgencia que ahora se creen innecesarias.

El presidente Sánchez solo piensa en los PGE y en su estabilidad personal y todo lo demás le parece una cuestión colateral y fruto de especulaciones que poco o nada tienen que ver con la realidad.

Y que Sánchez considera, como en el caso del ‘gran apagón’, que nunca afectarán a España por más que entre los ciudadanos de a pie, que ya han soportado la inclemencia de los duros e inconstitucionales confinamientos, esa posibilidad si se está teniendo en cuenta y provocando una psicosis alarmante y compras compulsivas y no solo para las fiestas de la Navidad.

Cuidado pues con el escenario internacional no vaya a ser que un maremoto económico y comercial nos pille desprevenidos, sin capacidad de respuesta y a remolque de acontecimientos que serían muy difíciles de controlar y de evitar en una España ya debilitada y sin una firme cohesión nacional.