Sánchez aparca la economía mientras pelea con Díaz y negocia los PGE

La batalla interna que se libra en el Gobierno por la reforma laboral, y en la que están implicados el presidente Sánchez y la vicepresidenta Calviño frente a la Vicepresidenta Díaz y la ministra Belarra, está dejando de lado un vacío de poder y de gestión en la política económica cuando una doble tormenta energética y comercial planea sobre el espacio europeo y español.

Y amenaza en toda la UE, y en España en particular, con el bloqueo del crecimiento y riesgos añadidos para la producción y el empleo, amén de los problemas financieros que se desprenden del alza imparable de la inflación.

Pero Sánchez tiene que poner primero orden en su Gobierno, a propósito de la reforma laboral, y a la vez abrir de manera urgente las negociaciones con ERC, PNV y Bildu para aprobar los PGE de 2022 lo antes posible.

Y una vez que concluyan estas negociaciones y cuando Sánchez tenga los PGE en su bolsillo y asegurada su presidencia en La Moncloa hasta finales de 2023, a partir de ese momento el Presidente se podrá ocupar de la crisis de la economía y ajustará las cuentas con UP.

Y naturalmente esto lo saben en Podemos y por ello Yolanda Díaz, su nueva líder, está agotando todas las oportunidades a su alcance para protagonizar las conquistas sociales del Gobierno y especialmente la reforma laboral. Un territorio que vigilan muy de cerca en la UE y en el que la vicepresidenta Díaz exige todo el protagonismo y derogar al completo la reforma de 2012 del PP, lo que no quieren Sánchez, Calviño, la CEOE y la UE.

A sabiendas todos ellos de que sí el crecimiento se frena y aplaza y el paro vuelve a crecer -como lo apuntan nuevos ERTES y ERES-, la flexibilidad de la vida laboral será esencial en un tiempo donde la industria, la construcción y el transporte están sufriendo mucho, por los precios de la energía y de los combustibles, así como por la escasez de los componentes industriales y de las materias primas, amén del problema añadido del transporte.

De manera que la crisis comercial internacional puede poner freno al tan esperado crecimiento; como la inflación galopante abrir un tiempo de subida de tipos de interés y de tensiones financieras. Salvo que la tormenta actual de la energía, la producción y el comercio resulte pasajera y en primavera se recupere de manera general la situación y el crecimiento vuelva a repuntar.

Pero mientras se aclara el presente y futuro económico español, europeo e internacional, en nuestro país se deben tomar medidas preventivas urgentes para hacer frente y contrarrestar los impactos de la tormenta que tenemos encima. Y que necesitan no solo de una respuesta española sino europea como la que el presidente Sánchez exige en la UE para frenar el precio de la luz y garantizar el aprovisionamiento de energía, especialmente del gas.

Pero el presidente Sánchez ahora está en otras cosas: en su pelea con UP por la reforma laboral -por eso y para distraerlos ha soltado la ‘liebre’ de la pronta aprobación de la Ley de la Vivienda -alquileres incluidos-; y en las negociaciones con ERC, PNV y Bildu para los PGE. Y hasta que no arregle todo esto el frenazo económico y las amenazas latentes que ello implica para España tendrán que esperar. Porque para Sánchez su presidencia y estabilidad política es la única y urgente prioridad.