Sánchez se reinventa como Socialdemócrata

Como se venía diciendo el 40 Congreso del PSOE ha sido un ‘paseo militar’ y un triunfo inapelable, otro más, del Presidente del Gobierno y Secretario General del PSOE, Pedro Sánchez, que llegó a la presidencia del Gobierno de España como político de la izquierda radical que pactó con comunistas y separatistas catalanes y vascos, los que había señalado Rubalcaba como los mimbres del ‘Gobierno Frankenstein’.

Un Sánchez que ahora se viste de socialdemócrata para abordar, sin riesgo de desestabilización y cuando culmine sus últimos pactos radicales con ERC y PNV sobre los PGE de 2021, el resto de la legislatura en pos de las elecciones generales de finales de 2023. Sobre las que, aunque lejanas, las últimas encuestas electorales anuncian que serán un ‘paseo militar’ para Pablo Casado y el PP.

Pero Sánchez confía que volverá a ganar cuando mejore la economía con la ayuda del final de la pandemia y de los fondos de la UE, y una vez que haya acogido en España la cumbre de la OTAN en 2022 y que él haya presidido el Consejo Europeo de la UE en 2023.

Porque tras ‘legitimarse’ como socialdemócrata, al lado de Felipe González y José Luís Rodríguez Zapatero en el 40 Congreso socialista, para Sánchez su próximo objetivo político y personal es su relanzamiento y protagonismo en la Unión Europea y en la política internacional. Para, con la vestimenta de socialdemócrata, buscando el perfil de ‘estadista’ para quitarse el sambenito que tiene en la política española de ‘doctor Frankenstein’.

En su discurso triunfal del cierre del 40 Congreso, donde cierto es que se recuperó la unidad del PSOE, rota en el 39 Congreso- y donde rehízo su pésima relación con Felipe González, Pedro Sánchez ha decretado que Él y su partido ya son ‘socialdemócratas, feministas y verdes’.

Y todo ello después a acaparar para el PSOE los éxitos de la Transición -de la que Adolfo Suárez fue el principal artífice- y últimas conquistas sociales de su Gobierno que, en realidad, le fueron impuestas por Unidas Podemos, a los que no reconoció ni agradeció el apoyo que le dieron en la moción de censura a Rajoy (en compañía de ERC, Bildu y PDeCAT) ni en la investidura de enero de 2020.

Todo son, pues, éxitos de Sánchez y del PSOE y, fuera de ese entorno o del régimen de poder imperante del ‘sanchismo’ no hay nada más. E incluso el vuelco hacia la socialdemocracia desde su izquierdismo radical, lo provocó él facilitando la salida de Pablo Iglesias del Gobierno -al que aburrió y agotó- y también cesando del Gobierno, en el mes de julio, a Carmen Calvo y José Luís Ábalos -ambos expulsados de Ejecutiva del PSOE- y favoreciendo, a la vez, salida de Iván Redondo de la mega estructura de La Moncloa.

Sánchez, expulsado de la Secretaría General el 1 de octubre (‘los idus de Octubre’ los llamó Josep Borrell) por una conspiración interna en la que estaban Felipe González, Alfredo Pérez Rubalcaba y Susana Díaz, renació de entre sus cenizas en las primarias del PSOE de 2017. Luego perpetró la moción de censura de 2018, con ayuda de Rajoy,y  finalmente y de la mano de Redondo, ganó las elecciones de 2019 y, con apoyo de Pablo Iglesias, formó Gobierno en enero de 2020.

Y ahora Sánchez, en el 40 Congreso triunfal del PSOE, se vuelve a reinventar como un político socialdemócrata que aspira a ocupar un lugar de influencia con Macron, Draghi y Scholz en el directorio de la UE.

Lo que sin duda tiene mucho mérito y se le debe reconocer aunque para la España constitucional y democrática su presencia en el poder haya sido demoledora. Y puede que lo siga siendo en lo que queda de legislatura porque Sánchez está uncido para mucho tiempo en el mismo yugo con los radicales y separatistas de Podemos, PNV, Bildu y ERC. Pero convencido de que tiene más vidas (políticas) que un gato a buen seguro que Sánchez ni siquiera descarta una gran coalición con el PP.