Sánchez en el telar de Penélope

Todavía es demasiado pronto para adivinar o predecir lo que puede ocurrir en la política española en los próximos años, máxime si como lo que presume Pedro Sánchez es si el gobierno de coalición logrará aprobar los PGE de 2022 y con ello agotará la legislatura hasta finales de 2023, lo que abriría un largo compás de espera de más de dos años en los que en España puede pasar de todo.

Pero mientras tanto Sánchez vive bajo el síndrome del ‘telar de Penélope’ en el que la enamorada de Ulises, que esperaba su regreso a Ítaca, deshacía por la noche lo que hilaba durante el día -que además era un sudario para el Rey Laertes- para ganar tiempo y espantar a su pretendientes.

Aquí en este país no sabemos quién maneja el telar, en la izquierda o en la derecha, pero en ambos casos da la impresión de que lo que se hila durante el día se deshace por la noche.

Casado prepara su Convención y aparece la inefable Ayuso y lo pone todo patas arriba, aunque ahora parece que se ha callado. En el Gobierno más de lo mismo, Sánchez sale airoso de la mesa de diálogo catalana donde bajo cuerda pacta con Aragonés el apoyo del PSC para que no dependa de JxC, a cambio del apoyo de ERC a Sánchez y de pronto detienen a Puigdemont en Italia y vuelta a empezar.

Ayer mismo, por ejemplo el Gobierno aprueba la subida del SMI de 15 euros y la renovación de los ERTEs hasta febrero y sale Pepe Álvarez, el secretario general de la UGT dice que la subida del SMI ‘es una mierda’, dejando en ridículo a Sánchez y a su vicepresidenta Yolanda Díaz. Y además se vuelve a disparar el precio de la luz hasta los 190 € Kh, camino de los 200, y sin que el Gobierno sepa qué hacer.

De manera que la batalla política sigue, pero con problemas internos en el seno de los dos bandos de la izquierda y la derecha. Y con un horizonte más bien confuso e incierto, como ocurre con el volcán de La Palma, que un día explota con furia, otro se calla, otro frena la lava y otro la hace avanzar en la noche y encendida como oro incandescente hacia el mar.

Sin embargo esta incertidumbre, como la que ahora embarga a Alemania, crea inestabilidad y desconfianza en España de cara a la reactivación de la encomia del país, como lo ha demostrado la última jarra de agua fría que el INE volcó días atrás sobre las previsiones de crecimiento previstas para el segundo trimestre del año en curso que eran del 2,8 % según el Gobierno y que se quedaron en el 1,1 %. Lo que constituye una pésima noticia para los empresarios y los inversores que se van a tentar la ropa antes de arriesgarse en España.

Y no digamos el desconcierto y preocupación que ha provocado en todo el país el anuncio del conflictivo ministro Escrivá en el que no descarta que la edad de jubilación pueda alargarse hasta los 75 años.

Lo que ha levantado un revuelo general en toda España y la sospecha cierta de que no hay dinero para pagar las pensiones, y menos si están ligadas al IPC en un tiempo de corte inflacionista como el que ahora impera y parece que va a continuar.

De manera que en política se aconseja mucha prudencia, moderación y no acelerarse porque, aunque con esto de la pandemia ya hemos visto muchos desastres, todavía no tenemos la certeza de que lo mejor está por venir. Es decir ‘paciencia y barajar’.