Sánchez no quiere traer a Puigdemont porque teme a ERC

La última escapada del prófugo Puigdemont ha desatado alarmas en el seno del Gobierno catalán que preside Aragonés y en la ‘mesa de diálogo’, bajo la que se esconde el mutuo apoyo de ERC al Gobierno de Sánchez y del PSC al de Aragonés.

De ahí que Sánchez no quiere por nada del mundo que Puigdemont pueda ser extraditado a España porque el soberanismo catalán, JxC, ERC y CUP,  acusarían al gobierno de Sánchez de haber orquestado la extradición y, en ese caso, la ‘mesa de diálogo’ saltaría por los aires y ERC tendría que retirar su apoyo a la estabilidad política de Sánchez y a los PGE de 2022.

Tampoco quiere ERC que Puigdemont regrese a España extraditado para entrar en prisión y luego ser juzgado y condenado al menos a 13 años de cárcel como Junqueras, porque ello mejoraría las expectativas electorales de JxC en detrimento de ERC, como lo teme Oriol Junqueras.

Un Junqueras que es quien manda en ERC y que, en Cataluña, es principal  enemigo político de Puigdemont, a quien considera un ‘cobarde’ por haber salido huyendo de España tras la declaración fallida de la independencia de Cataluña el 27 de octubre de 2017, hace ahora exactamente cuatro años.

Por todo ello el Gobierno de Sánchez y la Fiscalía y Abogacía del Estado (que controlan desde La Moncloa) no harán nada que pueda favorecer la extradición de Puigdemont a España. Si es que así lo decide el juez italiano de Cerdeña que se ocupa del caso durante la vista judicial que tendrá lugar el 4 de octubre y a la que ya veremos si acude Puigdemont como prometió.

En todo caso, la nueva situación creada coloca a Sánchez en posición de una mayor debilidad frente a ERC. Lo que permitirá a Aragonés aumentar y subir el nivel de sus ya altas exigencias políticas y económicas a cambio de que ERC vote a favor de los PGE de 2022 y le garantice a Pedro Sánchez su estancia en el poder hasta finales de 2023 y sin riesgo de adelanto electoral.

Asimismo, la llegada de Puigdemont a España para ingresar en prisión y ser juzgado y condenado, además de dinamitar el pacto de Sánchez y Aragonés  pondría punto final -por la entrada en prisión de Puigdemont- de la aparente bajada de la tensión política que Cataluña cuyo origen está en los indultos que Sánchez concedió a los presos golpistas del procés.

Además, un posterior indulto a Puigdemont, si regresa y es condenado, no será nunca tan fácil como los anteriores concedidos por Sánchez por la condición de ‘prófugo’ de Puigdemont y porque no solo no se arrepintió del golpe de Estado sino que amenaza con repetirlo. Y eso lo saben muy bien tanto en el palacio de La Moncloa, como en el de la Generalitat, y constituye otro elemento a tener en cuenta por Sánchez y Aragonés para que ambos actúen, como lo están haciendo, en contra de la extradición de Puigdemont.