Puigdemont se vuelve a escapar

Nos quejamos de la Justicia española, pero la europea es de traca. Que un delincuente como Puigdemont golpista y ladrón de fondos públicos haya sido detenido dos veces en Alemania e Italia en respuesta a de la euroorden que pesa sobre él a petición del Tribunal Supremo español, y no haya sido extraditado es un escándalo mayúsculo que atenta a las más elementales normas del ordenamiento jurídico europeo.

Máxime cuando este personaje de Puigdemont ha subvertido la legalidad en España y dirigido un golpe de Estado en Cataluña. Pero primero en 2018 los alemanes le dijeron a España que sólo podrían extraditarlo por el delito de malversación pero no por el de sedición vetando la extradición.

Y el juez Pablo Llarena del Tribunal Supremo se equivocó no aceptando la entrega de Puigdemont por Alemania porque podría haber sido juzgado y condenado en España por malversación, lo que incluye penas de hasta 12 años de cárcel poniendo fin a la escapada del prófugo y su activismo en contra de España desde el corazón de la UE.

Y ahora en Italia un juez de Cerdeña ha dejado en libertad a Puigdemont y lo cita para que se presente en su juzgado el 4 de octubre. Lo que es todo un disparate porque si Puigdemont regresa a su refugio de Waterlóo donde está amparado por la demencial justicia belga -que también protege a terroristas de ETA-, quien le va a obligar a Puigdemont a regresar a Cerdeña cuando ya se sabe que es un prófugo empedernido y habitual.

Estamos pues ante una situación lamentable de la que el gobierno de Pedro Sánchez es cómplice porque no quiere tener problemas con ERC y en la que un gobierno soberano y democrático español debería, como poco, anunciar a los países de la EU que España no aceptará más euroórdenes de ningún otro país -como las que nos llegan de Italia contra sus mafiosos- hasta que Italia, Alemania, Francia y Bélgica actúen con España con la misma lealtad jurídica que practica nuestro país en la escena europea.

Pero Pedro Sánchez no quiere más problemas con Pere Aragonés y, aunque había prometido -como tantas cosas incumplidas- que traería a Puigdemont a España, no moverá un dedo porque a Sánchez y Aragonés les conviene que Puigdemont siga atrincherado en Waterloo. De lo contrario JxC y la CUP romperían el gobierno catalán y la ‘mesa de diálogo’ y podrían en peligro los PGE de 2022 y la estabilidad de Sánchez y lo mismo haría el sector catalán de UP que se puso del lado del prófugo al inicio de su detención.

Además, un Puigdemont, preso y condenado a 13 años de cárcel, como lo fue Junqueras, reabriría la bronca catalana que se apaciguó con los indultos de Sánchez y pondría en claro peligro la cohesión del gobierno de Sanchez camino de un adelanto electoral.

O sea, todo apunta a que Puigdemont se volverá a escapar porque nadie imagina que regresará a Cerdeña el 4 de octubre como un corderito y que la Justicia italiana lo extradite a España sin titubear. Y menos que la Justicia europea se tome en serio las peticiones de España cuando un presidente como Sánchez indulta y pacta con los golpistas lo que es una manera de darles la razón.

No hay nada que hacer y mientras tanto la Oposición al Gobierno de Pedro Sánchez desconcertada, dividida y tocando el violón.