España, bajo el volcán de La Palma

Un volcán de cinco bocas por donde expulsa fuego, gases y lava estalló a las 15,15 horas del domingo en la zona de Cabeza de Vaca situada en las Cumbres Viejas de la isla de La Palma en Canarias. Afortunadamente no hay daños personales y poblaciones cercanas al lugar de la erupción próximas a Los Llanos de Aridane, han sido evacuadas a tiempo y antes de que la lava que sigue avanzando hacia el mar afecte a algunas que están a su alcance.

Y ello gracias a que, desde hace más de una semana, se venían detectando miles de movimientos sísmicos por los vulcanólogos que vigilaban la zona y que advirtieron con acierto y prevención que la explosión y la apertura del volcán estaba a punto de producirse. Lo que ha permitido tomar medidas urgentes y de cautela ante una erupción anunciada cuya envergadura y alcance aún desconocemos así como las consecuencias que puede deparar.

En este país, por causa de la pandemia del covid-19, de la crisis económica y de los continuos desencuentros políticos y sociales llevamos más de tres años sufriendo numerosas alertas sísmicas que advierten del serio riesgo de erupciones sociales y enfrentamientos.

Como los que han estado cerca de producirse en Mondragón a propósito de ese infame y pro criminal homenaje en favor de uno de los más mortíferos y despiadados asesinos de ETA, Henri Parot. A quien se pretendía ensalzar por parte del entorno político de Bildu y de personajes como el ex diputado Josepa Azkarraga, al que se señala como impulsor del homenaje a Parot.

Un Azkarraga que militó en el PNV en tiempo de Javier Arzallus y en Eusko Alkartasuna con Carlos Garaicochea, que ha acabado colaborando con los presos de ETA a quienes se niega a llamar criminales y ni siquiera por su nombre, ‘este hombre’ dice de Parot. Un terrorista condenado a 4.800 años de cárcel por 39 asesinatos.

El presidente del Gobierno Pedro Sánchez, que visitó la zona del volcán en la isla de La Palma antes de iniciar su viaje a EEUU, debió haber actuado con la mayor firmeza contra el intento de marchas y concentraciones a favor de Parot y lo hizo tarde y mal como el presidente vasco Iñigo Urkullu. Y los dos no actuaron hasta que estalló, como un volcán, la ira de asociaciones de víctimas del terrorismo etarra.

Este caso es sin duda muy importante. Pero hay otro estallidos de índole político y social que afectan a muchos millones de españoles que en estos dramáticos últimos meses han sufrido la inclemencia de la pandemia y de sus efectos económicos y sociales de los que muchos de ellos ya nunca se recuperarán.

La erupción del volcán de La Palma, afortunadamente bajo control, es por otra parte un impresionante y vistoso espectáculo de la naturaleza y sus imágenes cada vez más impactantes han dado la vuelta al mundo y se suman desde esta parte de España a las de otros volcanes en activo.

Pero está claro que las autoridades políticas y los expertos geológicos de la región deberán seguir muy de cerca la evolución del nuevo volcán español. Que tiene a todos los ciudadanos del país asombrados y pendientes del desarrollo de la erupción.