Las fracturas nacional, territoriales y partidarias

España está cada vez más lejos de un proceso de unidad nacional que debería ser obligado para afrontar los graves desafíos de nuestro tiempo tal y como lo hacen las naciones europeas vecinas de nuestro país como son Francia, Alemania, Italia y Portugal. Sin embargo en España la fractura va a peor y se reproduce en el Gobierno central, en otros espacios territoriales como pasa en Cataluña, País Vasco y hasta en el seno del PP.

Buena prueba de la fractura nacional se ve en la lucha de poder en torno a las pretensiones de control del Poder Judicial y más concretamente de las mayorías de magistrados en el Tribunal Constitucional y en distintas Salas del Tribunal Supremo, que constituye el más codiciado por Sánchez ‘objeto de deseo’.

Y a ello se han unido los indecentes homenajes del entorno de Bildu al súper terrorista Henri Parot en Mondragón que dejan en evidencia el abandono por Pedro Sánchez de las víctimas de ETA. Y las connivencias que con Bildu han  aparecido en el seno del Gobierno de coalición, donde la líder del Podemos, Ione Belarra, se mostró más cercana de Bildu que a las víctimas con críticas repugnantes a los partidos de la oposición que las amparan.

A la pasividad de Sánchez en el caso Parot se añade la del gobierno vasco de Iñigo Urkullu del PNV -otro aliado de Sánchez, que nunca debió consentir las movilizaciones a favor de Parot-, que rectificó tarde tras las denuncias de las víctimas de ETA que fueron las que consiguieron impedir la ‘marcha’ pro Parot pero no todas concentraciones a su favor.

A estas divergencias ‘internas’ regionales y nacionales se le suman en el Gobierno de Sánchez las habituales en materia de políticas económicas y sociales entre las dos vicepresidentas Nadia Calviño y Yolanda Díaz sobre: la subida del SMI, el precio de la luz, los ERTEs, los alquileres y la anunciada reforma laboral. Cuestiones todas que se vigilan en la Comisión Europea y que podrían condicionar la entrega de los fondos europeos a España.

Asimismo, y tras la fallida ‘mesa de diálogo’ del miércoles en la Generalitat de Cataluña donde no se llegó a ningún acuerdo, se han reactivado las disputas en el seno del Govern entre sus primeros socios de ERC y JxCAT, amenazando la estabilidad de este gobierno. Y demostrando el creciente aislamiento del prófugo de Waterloo, Carles Puigdemont, en beneficio del indultado presidente de ERC, Oriol Junqueras, el gran adversario político y personal de Puigdemont en Cataluña.

El reguero de las fracturas nacionales y regionales también ha alcanzado al PP de Pablo Casado tras el desafío que le ha lanzado a la dirección de este partido Isabel Ayuso desde la presidencia de la Puerta del Sol de Madrid, reclamando su inmediato nombramiento como presidenta del PP madrileño sin esperar los plazos y las otras posibles candidaturas como la del alcalde José Luís M. Almeida que se podrían presentar en el congreso del PP de Madrid, que en principio se mantiene hasta la primavera de 2022.

Fracturas y discrepancias internas que adornan las vísperas de dos citas, ambas en Valencia, muy especiales como son la Convención Nacional del PP, prevista para el primer fin de semana de octubre, y el 40 Congreso del PSOE que abrirá sus puertas el día 15 de este mismo mes.

La primera enturbiada por el calculado desafío de Isabel Ayuso antes de la Convención del PP a la que aún no se sabe si asistirá, y la segunda rodeada del triunfalismo del liderazgo absoluto de Pedro Sánchez a quien nadie se le atreve a contestar. La penosa imagen de Susana Díaz asumiendo el acta de senadora, por la cuota autonómica andaluza, es la prueba del absolutismo implacable y autocrático de Sánchez que no parece tener adversario en su partido ni en la Oposición.