Mesa sin acuerdos y foto sin bandera

Sirvan, para resumir el resultado de la ‘mesa de diálogo’ catalana y la visita del presidente Sánchez a la Generalitat, unos versos de Miguel de Cervantes al túmulo de Felipe II: ‘caló el chapeo, requirió la espada,/ miró al soslayo, fuese, y no hubo nada’.

Pero se consuela Sanchez, tras la fallida reunión de la ‘mesa de diálogo’, diciendo que, aunque no hubo acuerdos, lo importante era escenificar la voluntad de diálogo y la foto de la reunión. Lo que para el presidente español es un buen principio para avanzar, al menos, en 44 de los 45 requerimientos presentados en últimos años por la Generalitat. El único punto imposible es, claro está, la petición de amnistía (para los prófugos) y de un referéndum de autodeterminación.

Y puso Sánchez en valor su presencia en el Palau de la Generalitat como prueba de buena voluntad y de su disposición a encontrar acuerdos, ‘sin prisas, sin pausas y sin plazos’. A pesar de que las posiciones de ambas partes son muy distantes, uno por el ‘reencuentro catalán’ y el otro por el referéndum, para lograr un acuerdo de mayor calado.

Como quedó en evidencia cuando Aragonés ordenó retirar la bandera de España del lugar desde donde ambos políticos se dirigieron a los medios de comunicación. Un gesto que daña el relato de Sánchez y que explicita la falta de respeto del catalán ante la visita del presidente español.

Y por no haber ni siquiera participó en el encuentro el segundo gran partido del Govern, JxC, desde donde su amo Puigdemont actuó a distancia como ‘el convidado de piedra’ en tan breve e inútil reunión donde Aragonés no se llevó nada en limpio, ni siquiera en lo del Prat.

Aunque Sánchez si se llevó a La Moncloa el convencimiento de que tiene al alcance de su mano los votos de ERC para aprobar los PGE de 2022 y evitar un adelanto electoral porque su relación con Aragonés es buena y porque, como declaró días atrás el ‘profeta’ Rufián en Madrid, existe el peligro de una victoria electoral del PP y Vox.

Y también, y taimadamente, se llevó lo suyo de la mesa ERC y de manera soterrada Junqueras porque quien se ha quedado fuera de juego en las fotos y el baile de las banderas ha sido Puigdemont. Y ese aislamiento del prófugo de Waterloo es para el líder de ERC una pequeña victoria añadida en los cruces de ‘fuego amigo’ que ambos suelen protagonizar.

Pero en su conjunto de la mesa de diálogo, por ahora, nada que destacar. Quizás vaya saliendo algo concreto cuando se acerquen las votaciones de los PGE de 2022, porque los nacionalistas vascos y catalanes suelen cobrar por adelantado cualquier colaboración. Pero por ahora nada que rascar.