Juan Carlos I, un año fuera de España

Este martes se cumple un año desde que el emérito Rey Juan Carlos I se marchara de España hacia los Emiratos Árabes donde aún reside. Parece que fue el Presidente Pedro Sánchez quien propuso al Rey Felipe VI la salida de España del Rey emérito Juan Carlos I, para alejarlo del foco mediático y de los fiscales de España y Suiza que están tras la pista de sus presuntos delitos fiscales, de blanqueo y comisiones ilegales.

Si la propuesta de este extraño ‘destierro’ de Juan Carlos I a los Emiratos Árabes (un no menos discutible destino) partió del Gobierno está claro que se pactó con su hijo el Rey Felipe VI y que, finalmente, fue aceptado por el monarca ‘emérito’, como se aprecia en la carta de despedida que envió a su hijo, aludiendo a decisiones y asuntos ‘personales’.

El Rey emérito siempre pudo, como ciudadano español, negarse a salir de España aunque, presionado por el Presidente y su hijo Felipe VI, aceptó su marcha del país. Y está claro que fue el propio Juan Carlos I quien escogió los Emiratos Árabes como su lugar de residencia.

La aparición de fondos opacos movidos en el extranjero por el Rey emérito, desde su abdicación en junio de 2014 (ya sin su ‘inviolabilidad’) y las noticias relativas a Fundaciones y cuentas opacas de Juan Carlos I fuera de España, así como la ‘donación’ de 100 millones de dólares que recibió del ex Rey de Arabia Saudí, Abdala bin Abdelaziz, son asuntos de la mayor gravedad.

Y ello en fechas cercanas a la concesión a España, por Arabia Saudita, de la construcción del AVE a la Meca, lo que abre más sospechas de una posible comisión). Hechos muy graves que empañan la imagen de La Corona y la trayectoria política del Rey Juan Carlos I. De quien, además, se sospecha que posee una gran fortuna acumulada en varios paraísos fiscales. De lo contrario no le habría cedido a su ex amante Corinna Larsen la donación de los 100 millones de dólares que recibió de Arabia Saudí.

Hechos en su conjunto, y sobre todo sobre el uso reciente de unos fondos opacos por Juan Carlos I, que son objeto de investigaciones de un presunto fraude fiscal en España. Lo que le ha obligado al Rey emérito a hacer, ante la Hacienda pública, regularizaciones y pago de multas sobre esos dineros no declarados. Y estos hechos y otros similares o paralelos como la donación del Rey de Arabia Saudí también están siendo investigados en Suiza por el fiscal Yves Bertossa.

Las investigaciones fiscales continúan, aunque por ahora no hay cargos de imputación ni posible fecha de juicio, y es a la espera del archivo o de su posible imputación, por lo menos en España, de los delitos pretendidos o regularizados fraude fiscales del Rey emérito lo que parece impedir a Juan Carlos I su regreso a España.

Aunque como ciudadano español, tiene todo el derecho a regresar a su país cuando quiera, incluso al margen de lo que decida la fiscalía. Pero todo apunta a que tanto el Rey Felipe VI como el presidente Sánchez consideran ‘prematuro’ ese regreso y menos aún el que, en las actuales circunstancias procesales, Juan Carlos I se instale en el Palacio de la Zarzuela.

El Rey Juan Carlos I puede regresar a España cuando quiera y, de hacerlo, para instalarse en una discreta residencia privada y no en un Palacio del Estado, después de todo lo ocurrido, lo que se va sabiendo y lo que aún podría aparecer.

Como ya han dicho sus abogados el Rey emérito está a disposición de la Justicia española. Pero no se entiende la lentitud de la fiscalía, que controla el Gobierno, a la hora de tomar una decisión que ya debía estar tomada y que puede prorrogar ‘sine die’ el retorno del monarca Juan Carlos I a su país. Otra cosa, ajena a la jurisdicción española, son las actuaciones del fiscal de Suiza o las pintorescas demandas de la falsa princesa Corinna en Londres.

Pero cabe sospechar que la pretendida, por el presidente Pedro Sánchez, ‘protección de La Corona’ con el alejamiento del Rey emérito, más bien parece una actitud de continuo ‘control’ de La Corona. Así se apreció con el veto que Pedro Sánchez impuso al Rey Felipe VI impidiendo un viaje del Jefe del Estado a Barcelona para asistir a un acto académico judicial.

De ahí que, al margen de las posibles responsabilidades procesales del Rey Juan Carlos I y de su indiscutible deterioro político y moral, este su extraño ‘destierro’ cuando antes se deber de acabar. Al margen y pase lo que pase en el ámbito judicial.