Del optimismo de Sánchez al ascenso de Casado

El deterioro político y electoral del presidente Sánchez y su Gobierno, en el que han tenido un negativo y reciente impacto los indultos a los nueve golpistas catalanes, es algo que ha reconocido el propio presidente y líder del PSOE. El que se ha visto en la necesidad de forzar una amplia crisis de su Gobierno donde prescindió del núcleo duro de su Gabinete con la salida de Carmen Calvo, José Luis Ábalos e Iván Redondo, a las que les precedió semanas antes la dimisión de Pablo Iglesias.

Y cree Sánchez que, con estos cambios, ha conseguido dar la vuelta a su debilitada situación, como si la causa de su deterioro electoral fuera culpa de los que han sido cesados y no de su propia y exclusiva responsabilidad, en un Gobierno en el que solo manda él. Y ahora más porque, a igual que ocurre en el PSOE con la caída de Ábalos, Sánchez ya no tiene un ‘número dos’ ni en su Gobierno ni en su partido.

Para certificar, la pretendida por Sánchez, recuperación política y electoral gracias al cambio de Gobierno, Sánchez ha exhibido en los últimos días el barómetro del CIS del mes de julio -que podría ser el último de Tezanos, antes de su posible cese-, y en el que sin rubor alguno se nos anuncia que Sánchez le llevaría 5 puntos de ventaja al PP de Casado, desmintiendo lo que en últimas semanas han venido diciendo todas las encuestas privadas independientes.

La última publicada ayer por el diario ABC, realizada por GAD3, desmiente por completo a Sánchez y Tezanos y le da un subidón de 50 escaños al PP de Casado. Que pasaría de los 89 logrados en las elecciones del 10-N de 2019, a 139 diputados si ahora se celebrasen las elecciones. Lo que, en las actuales circunstancias y, visto lo que ocurrió en las elecciones de Madrid del pasado 4 de mayo incluso antes de los indultos, no parece un disparate.

Una encuesta está última en la que el PSOE pierde 19 escaños, Vox 15, UP 12 y Cs 10. Lo que podría permitir un ajustado gobierno entre PP y Vox. Y lo que por otra parte está inquietando seriamente a Abascal, que ahora brama por sus problemas en Ceuta, donde le han declarado ‘persona non grata’. Y que ve como, la crisis de Sánchez, está favoreciendo la migración del ‘voto útil’ del centro y la derecha hacia el PP, y sin descartar la llegada al PP de una parte, aún pequeña, del electorado socialista como ocurrió en Madrid.

Estamos pues ante dos versiones contradictorias que hablan, por una lado, del optimismo de Sánchez cuando afirma que el cambio de Gobierno ya le ha permitido recuperar su desgaste político, y que esa mala situación la va a superar con los fondos de la UE, que permitirán el regreso del crecimiento de la economía, y con el fin de la pandemia a medida que avance el ritmo de la vacunación. Naturalmente si es que hay vacunas, porque vuelven a faltar mientras crecen los contagios y las hospitalizaciones.

La otra versión del desgaste imparable de Sánchez es la que anuncia Pablo Casado desde el PP, y puede estar más cerca de la realidad, aunque y por ahora en términos menos entusiastas y más moderados. Pero en línea con una lógica política y el sentir que se detecta en la calle.

Y también porque el nuevo Gobierno ha entrado con mal pie y a palos con el Tribunal Constitucional -y con los Tribunales de Cuentas y Supremo- y por la crisis de Cuba. Y vamos a ver qué ocurre con la obligada relación o sumisión de Sánchez con ERC y el PNV porque sus socios de gobernabilidad parecen estar inquietos y amenazantes ante un otoño político que se anuncia tenso y conflictivo, especialmente en el frente catalán.