La alternativa de Casado y el discurso de la lealtad

Han pasado tres años desde que Pablo Casado asumió la presidencia del Partido Popular en sustitución de Mariano Rajoy en un Congreso en el que Casado, amparado por Aznar, batió a Soraya Sáenz de Santamaría que se presentaba como la pupila de Rajoy.

Desde entonces han pasado muchas cosas y entre ellas dos elecciones generales en 2019 que ganó Pedro Sánchez. Y en la segunda del 10-N, y tras haber renunciado Albert Rivera a formar un gobierno de coalición con el PSOE en el mes de abril, Cs se hundió.

Y su líder fundador Rivera se retiró de la política, dejándole al PP un amplio espacio en el centro, mientras Santiago Abascal, con Vox, superaba los 50 escaños en el Congreso de los Diputados y se posicionaba con fuerza a la derecha del PP.

Entretanto, el PP con Cs y apoyo externo de Vox logró la presidencia de la Junta de Andalucía y, tras sufrir dos severas derrotas en el País Vasco y en Cataluña, el pasado 4 de mayo logró frente a Sánchez una gran victoria en Madrid de la mano de Isabel Ayuso.

Y ahora y, según las últimas encuestas creíbles y no la bochornosa del CIS, el PP figura como el primer partido nacional con más de un 28 % de votos y con tres o cuatro puntos por encima del PSOE, lo que le permite presentarse en España como la única alternativa a Pedro Sánchez.

Como lo subrayó hace poco en Galicia Alberto Núñez Feijóo, dando con ello un toque de atención a los que, desde ‘camarillas’ del entorno de Aznar, están promocionando a Isabel Ayuso como una eventual y populista (y a la vez muy temeraria y sin capacidad de gestión nacional) candidata al cartel electoral del PP. Lo que sería el fin del PP y la consolidación de Sánchez en el poder.

Pablo Casado ha cometido errores, como la depuración de ex ministros y ex altos cargos de Rajoy (entre los que estuvo él), lo que ha descapitalizado su equipo directivo y su grupo parlamentario. Y ha primado Casado la juventud frente a la experiencia y el conocimiento de la política, y promocionado una lista clientelar de personajes del aparato del PP que fueron recolocados en cargos públicos en Madrid.

Y muchos de ellos íntimamente relacionados con los jefes imputados de la corrupción madrileña del PP como Esperanza Aguirre e Ignacio González, lo que pone en evidencia el compromiso de Casado de cerco seguro a la corrupción y de ‘no admitir irregularidades’. Y lo que puede acarrear algún disgusto en el Ayuntamiento de Madrid donde el alcalde y portavoz nacional del PP, José Luis Martínez Almeida, esta pisando la raya de la legalidad y los derechos laborales del Consistorio con excesiva frecuencia.

Pero, dicho esto, Casado es la alternativa a Sánchez y al sanchismo y no hay nadie más. Y acumula algunos muy brillantes y certeros discursos en el Parlamento como los de la moción de censura de Vox y los relativos a los indultos a los golpistas catalanes. Pero esos discursos y las facilidades que le ofrece Sánchez con sus destrozos políticos e institucionales no son del todo suficientes para consolidar su alternativa y a Casado le queda aún un largo camino y decisiones importantes hasta las elecciones generales.

Entre otras cosas ha de reforzar sus lazos con el empresariado español y conocer lo que está pasando en los medios de comunicación, sector en el que el PP parece desinformado y es fundamental. Entre otras cosas porque hacen falta medios que amparen a los sectores constitucionales del PSOE que se oponen a Sánchez y que podrían favorecer el traspaso de votantes socialdemócratas del Partido Socialista hacia un PP moderado y centrado, como empezó a ocurrir en las recientes elecciones de Madrid.

Y es por ello por lo que debería Casado incorporar a su discurso crítico con Sánchez la complicidad y el deterioro del PSOE, añadiendo un llamamiento constante a ‘la lealtad constitucional’. Porque, por ejemplo, no se pueden entregar los fondos de la UE a quienes practican la deslealtad constitucional y se niegan a asistir a las Conferencias de los presidentes autonómicos. O a quienes utilizan los fondos públicos, como pretende hacerlo la Generalitat para avalar las multas de los golpistas impuestas por el Tribunal de Cuentas, lo que es un fraude de ley camino de la malversación y la prevaricación.

Y, finalmente y aunque Arrimadas dice que ‘no se rinde’ desde su postración política y electoral el líder del PP debe hacer un esfuerzo generoso en pos de una negociación para la integración de Cs en el PP para lograr que no se pierda, en favor del sanchismo, ni un solo voto del centro político español. Y por supuesto, no más fotos en Colón, y ojo con los cantos de sirenas que le llegan desde Vox incluso proponiendo una integración con Abascal.

Desde las alturas de la sierra de Gredos y al pie del monte Almanzor, el PP se apresta a relanzar el liderazgo de Pablo Casado y su alternativa nacional. Le quedan puede que menos de dos años por delante porque aunque Pedro Sánchez hable de elecciones en 2023 su plan es adelantarlas al otoño de 2022 si las mejoras de la economía y la pandemia le permiten recuperarse en el campo electoral antes de que terminen los dos años de tregua que le dio ERC para luego implementar el referéndum de la autodeterminación.

No lo tiene nada fácil Sánchez y menos de la mano de sus socios y aliados de Gobierno. Pero lo tendrá mucho más difícil si Casado eleva el vuelo de su discurso, centra bien su mensaje y no comete errores de bulto cuidando de especial manera la limpieza del nuevo PP (llegarán juicios y sentencias muy duras de los casos de corrupción del tiempo de Rajoy).

El nuevo PP que lidera Casado desde hace tres años y cuya alternativa debe de reforzar y abrir al conjunto de la ciudadanía que ya conoce el sanchismo y a la que se debe ofrecer una alternativa limpia de gobierno y convivencia nacional.