Cansancio de la política y Sánchez, a California

El curso político está agotado y ya no da más de sí. La sentencia del TC en contra de los confinamientos del estado de alarma, el debate de la crisis de Cuba y el repunte de la quinta ola de la pandemia del Covid han estropeado al presidente Sánchez el despegue del nuevo Gobierno que ha empezado con el pie izquierdo y algunas de sus nuevas ministras dando palos al aire.

Motivos todos ellos que no impiden sino al contrario al presidente Sánchez embarcarse en un viaje de placer a los EEUU con escalas en Los Ángeles, San Francisco y Nueva York, donde dice sin pudor que tiene algunas citas con empresarios americanos para pedirles que inviertan en España (sic).

Donde no aterrizará el avión oficial del presidente Sánchez es en Washington porque no ha conseguido cita en La Casa Blanca, donde el presidente Biden no parece tener mucho interés en ver al español, al que saludó en la OTAN durante 30 segundos.

Bueno, a Sánchez no le hacen mucho caso las potencias occidentales y él se consuela con viajes esotéricos por Libia, Costa Rica o Lituania, y en USA va a Hollywood a dar una vuelta y luego se irá de compras a San Francisco y a Nueva York.

Pero el presidente se lleva el suspenso del TC, el motín de Cuba y deja tras de sí la pandemia dislocada y todos en provincias pidiendo toques de queda porque se han disparado los contagios por todo el país y ello está dañando el turismo y la recuperación económica y el empleo.

Los que sí estarán ya de vacaciones y con una malévola sonrisa son los depurados por Sánchez, Calvo, Ábalos y Redondo, que estaban en primera fila de combate y que ahora estarán en una tumbona viendo las olas venir y a los nuevos ministros entre encantados y desconcertados.

Y ¿quién sustituirá a Sánchez al mando del Gobierno cuando se vaya de viaje, imaginamos que con familia, o parte, incluida? Pues la vicepresidenta primera Nadia Calviño, que de economía sí que sabe, pero de la política y la dirección del Gobierno no tiene idea.

Y a nada que se presente un problema inesperado veremos por donde sale, después de haber dicho sobre la crisis de Cuba que lo de ‘etiquetar’ no es productivo’ (sic). Que es como decir que la diferencia entre una dictadura y una democracia o entre izquierda y derecha carece de la menor importancia, porque nadie debería de ‘etiquetar’. Pues que se lo pregunten a los cubanos a ver si a ellos les da igual.