El discurso del Liceo y la cruda realidad

En línea con la estrategia política para su permanencia en el poder y en la creencia, también, de su voluntad de diálogo para la ‘concordia’ y para el ‘reencuentro’ en Cataluña, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha anunciado en el Gran Teatro del Liceo de Barcelona que el Gobierno va a aprobar este martes, día 22, los indultos a los nueve dirigentes golpistas catalanes condenados y presos para su inmediata puesta en libertad.

‘Con este acto sacamos de la cárcel a nueve personas, pero sumamos a millones de personas para la convivencia’, dijo el presidente Sánchez en un buen discurso político de cara a la parte soberanista de la ciudadanía de Cataluña. La que estuvo representada en el Liceo por ciertos dirigentes de la sociedad civil catalana que aplaudieron la intervención de Sánchez.

Un discurso dirigido también al Tribunal Supremo -en sus alusiones a la ‘utilidad pública’ y por supuesto política de los indultos- y al conjunto de los españoles que, de haber estado proporcionalmente representados en otro foro como el Teatro Español de Madrid, habrían acogido con frialdad y con protestas mayoritarias las palabras del presidente.

Porque que en España son muchos millones de ciudadanos los que se oponen a los indultos por la gravedad de los hechos delictivos por los que fueron condenados y en la creencia de que los separatistas no quieren la concordia con España (ni en Cataluña), aunque a corto plazo si quieren la libertad de los golpistas y entrar en el reparto de los fondos europeos.

Y además declaran en público que estos indultos son una obligación del Gobierno de España para rectificar la sentencia condenatoria del Tribunal Supremo que ellos tildan de ‘venganza’ (palabra que nunca debió utilizar Sánchez) del Estado contra los responsables del referéndum ilegal del 1-O de 2017.

De manera que, una vez que los presos indultados salgan de la cárcel, los primeros gobernantes de ERC y JxC olvidarán el discurso de la ‘concordia’ y volverán a diseñar su hoja de ruta hacia la independencia en pos de otro y nuevo desafío al Estado porque esa es la razón de ser y de existir de los partidos soberanistas en la política catalana, como lo reconoció Sánchez.

Aunque está por ver si, antes de regresar al ‘desafío’, Junqueras -que será el gran beneficiado de los indultos porque le quedan nueve años de cárcel- le ofrecerá a Sánchez en nombre de ERC los dos años que aún quedan para acabar la legislatura con el argumento -y esa es buena baza de Sánchez- de que el Gobierno de Pere Aragonés también necesita los fondos de la UE y rebajar su deuda con el Estado antes de regresar al enfrentamiento con el Estado.

De la misma manera que Sánchez sabe, al margen del beatífico discurso de la concordia, que si no concede los indultos -que prometió a ERC a cambio de su investidura- su presidencia y su gobierno caerán de manera inmediata a manos de Podemos y ERC.

Como sabe el presidente Pedro Sánchez que existe el riesgo de que la Sala Tercera del Tribunal Supremo anule los indultos por ausencia de su ‘utilidad pública’ y por la ‘arbitrariedad’ en la que incurren los indultos (por ausencia de ‘arrepentimiento’ y de garantía de ‘no reincidencia’ de los presos) y por el beneficio político que le aporta a Sánchez.

Ahora bien, en el caso de que la Sala Tercera del Tribunal Supremo tumbara los indultos, lo que no es fácil de imaginar en este e histórico pulso entre los poderes Ejecutivo y Judicial, al presidente Sánchez siempre le quedará el recurso de decir a ERC y a UP que él intentó la concesión de los indultos y que la Justicia, de ese ‘Estado de Derecho’ -que Sánchez dijo en el Liceo que todos tienen respetar- consideró que se deberían de anular.

Y entonces y si las cosas fueran por esos derroteros difíciles de imaginar a Sánchez, para mantener el apoyo de UP y ERC, le quedaría el ‘espantajo’ de un futuro posible Gobierno del PP con Vox. Lo que para los soberanistas catalanes no sería un mal escenario sino más bien un horizonte propició en pos de relanzar el desafío al Estado y la confrontación.