Crece la confusión política (y Sánchez en Libia) 

El Gobierno de Pedro Sánchez navega dando tumbos por entre los rápidos de un río revuelto de problemas y desencuentros nacionales y exteriores. Y sin que se aprecie un remanso que permita imprimir algo de sosiego en este país en el que los ciudadanos siguen sufriendo la inclemencia sanitaria y la crisis económica.

En medio de tanto ruido aparecen esperpénticos episodios, como la llegada y la salida -tras pasar por la Audiencia Nacional- del líder del Polisario, con su impacto en la crisis marroquí que sigue abierta; o la grotesca factura de la luz que invita a los ciudadanos a realizar sus labores caseras por la noche, lo que inunda las redes sociales de mofas contra el Gobierno.

Pero hay noticias más sobresalientes: la rebelión de las CC.AA. (Madrid, País Vasco y Cataluña entre otras) contra las medidas de control de la pandemia del Gobierno -que la ministra Darias dicen ser de ‘obligado cumplimiento’ y que pocos acatan-; y el hecho de que el Reino Unido aún mantiene el veto a España y la sitúa en la lista de países no recomendados para su turismo.

Lo que constituye otra pésima noticia porque ello afecta de lleno a las expectativas que se tenían en nuestro país para la recuperación del turismo estival español en el que los británicos son esenciales. Pero el desconcierto y la confusa gestión sanitaria española mantiene todavía altos la incidencia de los contagios y así no hay manera de recuperar el turismo.

Entre otras cosas porque los gobiernos de las CC.AA. interiores priorizan la mejora de su propia economía regional en la hostelería y pequeños negocios frente al horizonte veraniego de las Comunidades turísticas. Pero si esto es grave peor aún nos parece la ausencia de la coordinación nacional de todas las medidas a adoptar y homologar.

Lo que se complica por la ausencia del ‘estado de alarma’ que Sánchez se negó a renovar y con últimas decisiones del Tribunal Supremo contrarias a poner límites cómo el toque de queda y el derecho de reunión, en defensa de los Derechos Fundamentales y constitucionales de las personas.

Al fondo de todo ello y para que no falte de nada reaparece la corrupción del PP con la imputación de Cospedal en el caso Kitchen, asunto del que Pablo Casado -que fue a visitar Ceuta- no quiere hablar porque es ‘del pasado’. Y porque dice que no afecta a cargos públicos del PP ni a su equipo directivo. Que sigue recogiendo firmas contra los indultos y preparando a conciencia la manifestación del 13 de junio en la plaza de Colón de Madrid.

Todo ello, mientras continúa el debate de los indultos, inunda este país de ruidos y desencuentros. Motivos por los que Sánchez (que sigue a la espera de que le llame el presidente Biden), ha decidido marcharse a Libia a un acto del nuevo gobierno libio para -dice- reactivar las relaciones de ese país con empresas españolas. E imaginamos que también para completar su ‘intensa’ agenda diplomática en el Magreb tras sus recientes y brillantes actuaciones ante los gobiernos de Rabat y de Argel.