Casado no debe presentar una moción de censura a Sánchez

No debería el líder de la Oposición y del PP Pablo Casado, aprovechar el resultado de las elecciones de Madrid y el deterioro del liderazgo de Pedro Sánchez en España y en el PSOE, presentando en el Congreso una moción de censura -como la que presentó Vox- contra Sánchez porque la perdería y ofrecería a Sánchez un respiro y una victoria por apretada que sea.

Decimos esto porque en la última sesión del Congreso de los Diputados de control al Gobierno escuchamos decir a Casado al presidente Sánchez que debe adelantar el debate sobre ‘el estado de la nación’.

Lo que revela una cierta impaciencia de Casado para llevar ante la opinión pública la crisis de liderazgo de Sánchez, su pésima gestión, la debilidad en su Gobierno de coalición y la reactivación de los pactos Frankenstein con el esperado indulto de los golpistas catalanes, tras favorecer a los presos de ETA en el País Vasco.

Y puede que algunos dirigentes del PP consideren oportuno que Casado se enfrente ahora a Sánchez en un modelo de debate que prime su actuación en el Congreso -como el que propicia la moción de censura- para evidenciar la superioridad dialéctica y argumental de Casado.

Y puede que para desactivar insidias de quienes, en medios conservadores y agitadores al servicio de Moncloa, propagan la idea de que, tras su triunfo en Madrid, Isabel Ayuso se está postulando para liderar en España el PP y la oposición.

Puede que la moción de censura de Casado contra Sánchez sea imparable y necesaria sí acontecimientos, como un duro rebrote de la pandemia o el retraso de los Fondos UE, agravan la crisis nacional, y se suman a los ahora esperados e indecentes indultos a los golpistas catalanes.

Pero este no es el momento para desenvainar la censura sino más bien de pedir unas elecciones anticipadas. Las que, por más que Sánchez insista en agotar la legislatura, con sus esperadas mejoras sanitaria y económica, aún  pueden llegar porque el adelanto electoral no depende de él, sino del nuevo fantasma de La Moncloa que se llama Pablo Iglesias.

Vivimos en un tiempo de incertidumbres y sobresaltos -vamos a ver cómo acaba la investigación de Hacienda sobre la regularización fiscal del Rey emérito Juan Carlos I- en los que cualquier incidente de envergadura puede alterar la vigente situación política y afectar a la tendencia de cambio que pronostican las encuestas. Y todavía es pronto para asegurar el cambio que se podría frenar a nada que un nuevo estallido impacte en la opinión pública y en una ciudadanía que hoy está cansada del sanchismo pero también de la clase política en general.