Lo que se rompió en Madrid fue Sánchez 

En Moncloa, el PSOE y el diario El País andan buscándole cinco pies al gato de Madrid para negar u ocultar lo que tienen ante sus narices y además no tiene vuelta de hoja: lo que se ha roto en las elecciones del 4-M en Madrid ha sido el liderazgo de Pedro Sánchez como presidente y primer dirigente de la izquierda española, a lo que se le ha añadido la fuga de Pablo Iglesias quien, probablemente quiere llevarse a Sánchez a su tumba política.

La propia actitud de Sánchez huyendo de los periodistas españoles en la cumbre europea de Oporto ofrecía la imagen de un boxeador ‘sonado’ que deambula por el cuadrilátero con la mirada perdida a la espera de que la campana le salve del K.O. Y le permita un respiro antes del repunte de la cuarta ola de la pandemia, por la ausencia del ‘estado de alarma’ que él se ha negado a prorrogar y puede ser el último golpe que lo tumbe en la lona.

Lo que acortaría el plazo de los pretendidos ‘dos años por delante’ que dice Sánchez que aún le quedan de legislatura, siempre que Iglesias no dinamite, con su mando a distancia, el gobierno de coalición.

Lo que no se debe de descartar por aquello del ‘sálvese quien pueda’, una vez que Iglesias saltó del barco al oler el humo del incendio que empezó a propagarse en la nave nada más convocarse las elecciones de Madrid, por culpa de la temeraria moción de censura en Murcia que Sánchez pactó con Arrimadas, la ahora convertida en zombi a la espera del entierro de Cs.

El intento de una cortina de humo contra el PP es la única respuesta que prepara el gigantesco aparato de propaganda de Sánchez, que suele actuar siguiendo el modelo y las enseñanzas de los viejos regímenes del fascismo y nazismo de los que con tanta soltura hablan Pablo Iglesias y Carmen Calvo.

Pero da la impresión que el deterioro de Sánchez, avalado en Madrid por el voto de más de 300.000 votantes pasados del PSOE al PP, no tiene marcha atrás, por más que se atrinchere en el búnker de La Moncloa y gane tiempo en pos de alcanzar en el otoño la orilla de su salvación con el esperado final de la vacunación y la llegada de los fondos europeos.

Lo que no va a ser tan rápido y tan eficaz como el presidente espera porque la mejora anunciada tardará en llegar y los daños causados en sanidad (más de 150.000 muertos) y en las empresas destruidas son irreversibles y todas las familias afectadas por esa destrucción no volverán a votar a Sánchez por más que prometa la recuperación.

El 4-M ha sido el comienzo del fin de Sánchez y del ‘sanchismo’ el régimen personal y autocrático de poder que tanto daño hizo, con sus alianzas con UP, Bildu y ERC a la democracia e instituciones españolas. Eso que El País llama sin sonrojo sus ‘pactos de geometría variable’.

Los que el Pueblo de Madrid rechazó, dejó al descubierto y denunció en unas elecciones ‘suicidas’ que provocó el propio Sánchez con su aventura murciana y en las que la empatía popular de Ayuso, el hartazgo de Sánchez y la sucia campaña electoral de sus estrategas de Moncloa llevaron a su fin.