Esperando una nueva versión de Sánchez

Puede que el Pedro Sánchez Presidente que conocemos no tenga otra versión o capacidad de rectificación. Pero si en un lugar oculto de su fuero interno existiera un Sánchez que no mienta no desprecie sus adversarios y acepte la realidad. Un Sánchez que prime el interés general a su ambición personal de poder. Un Sánchez que admita errores y asuma, con hechos, su responsabilidad. Si existe otra versión de Sánchez este es el momento para que aparezca.

El presidente Sánchez está tocado y lleva siete días callado, meditando lo que ha ocurrido en las elecciones de Madrid y el voto de castigo que él mismo ha recibido del Pueblo madrileño, porque más de 300.000 votantes habituales del PSOE se han pasado directamente al PP, mientras un cierto estupor recorría la dirección del PSOE y su militancia y un escalofrío invadía la espina dorsal de su gobierno de coalición, ahora ‘huérfano’ de Iglesias.

El presidente no tiene escapatoria y tiene que aparecer ante la opinión pública -probablemente en declaraciones a un medio o un periodista de confianza-, y desde luego debe comparecer en el Parlamento donde tiene cita para el próximo miércoles en la sesión de control al Gobierno, que el aparato de La Moncloa estará preparando a todo tren.

Lo habitual en Sánchez, para este y anteriores momentos difíciles, es huir del debate, la verdad y la realidad. Y culpar a subalternos, como al pobre Gabilondo, o a la Oposición de todo lo acontecido. Y en el caso que nos ocupa puede que incluso Sánchez le diga al líder de la oposición, Pablo Casado, que Isabel Ayuso aspira a quitarle la presidencia del PP, lo que además de falso sería una ordinariez.

El hecho de que la Ejecutiva del PSOE les haya abierto un expediente para su expulsión del partido a Joaquín Leguina y Nicolás Redondo Terreros, lejos de ser un gesto de autoridad de Sánchez, es una prueba de debilidad y de la furia que le invade desde que conoció el alcance de su derrota en Madrid.

De la que no conviene olvidar los datos porque son espectaculares: PP 44,7 % de los votos y 65 escaños y PSOE 16,8 % de votos y 24 escaños. Lo que se dice una paliza política en las urnas y con un 76,25 % de participación.

Pero podría ocurrir que en el Parlamento apareciera, por arte de magia, un nuevo Sánchez que tras felicitar a Pablo Casado por la victoria de Madrid anunciara el inicio de un tiempo nuevo en la política española para acabar con la pandemia y abordar la recuperación económica del país.

Un tiempo que debería empezar por aceptar Sánchez la propuesta del PP de reformar la ley que permita a las CC.AA. controlar la movilidad ciudadana y el toque de queda, evitando la reactivación de la pandemia. Y ofreciendo un pacto para la renovación del Poder Judicial, sin incluir candidatos de UP, y la creación de un comité de seguimiento y control parlamentario para vigilar el uso y reparto de los fondos europeos.

Y como guinda de este casi imposible pastel del nuevo Presidente Sánchez el anuncio del cese fulminante de Tezanos como director del CIS. Entre otras cosas porque sus erráticos pronósticos engañaron a Sánchez y lo metieron de bruces en la campaña de la crispación que lideró Iglesias que se convirtió en el golpe de gracia de la derrota del PSOE.

Y si por otra parte este imposible nuevo Sánchez pretende recomponer su liderazgo en el PSOE debería dejar en paz a Leguina y a Redondo y retirar a ‘Juan Estoques’ (lo de Espadas no responde a su verdadera intención) de las primarias del PSOE en Andalucía.

Y si todo esto que es lo que debería hacer Sánchez conduce a la ruptura de su Gobierno de coalición con Podemos -que en todo caso prepara Iglesias- pues todavía mucho mejor.