Bastos en Madrid, espadas en Sevilla y la bala de plata

El primer responsable del gran fracaso electoral del PSOE en Madrid, por más que calle o disimule la Ejecutiva Federal del PSOE, es Pedro Sánchez. Primero por provocar el adelanto electoral con una fracasada moción de censura en Murcia, que Sánchez quiere endosar a Cs, a los que destruyó en beneficio del PP.

Y después por haber obligado desde Moncloa a Ángel Gabilondo el sumarse a la campaña crispada de Pablo Iglesias, cambiando su discurso moderado contrario a todo pacto con Iglesias, como lo había prometido Gabilondo al inicio del proceso electoral.

Pero dos días después del fracaso en Madrid Sánchez, para sacudirse la responsabilidad, ha obligado a dejar su escaño en la Asamblea de Madrid a Gabilondo (que está ingresado en un hospital tras haber sufrido una arritmia cardíaca antes de recibir la vacuna del covid). Y ha cesado al secretario general del PSOE en Madrid, José Manuel Franco.

Y ello muy pesar que ni Franco ni Gabilondo participaron en la estrategia de la campaña madrileña que, en todo momento, la marcaron los asesores de Sánchez desde La Moncloa.

Lo que no ha sido óbice para que, con la mayor desvergüenza política, el secretario de Organización del PSOE, José Luis Ábalos, haya presentado estos dos ceses como si fueran dimisiones de Gabilondo y Franco, lo que no es verdad.

Con estos ceses y mentiras Sánchez pretende sacudirse su gran derrota en Madrid donde el PP logró el 44,7 % de votos para el PP frente al 16,8 % del PSOE que además fue superado por Más Madrid. Pero los resultados de Madrid hablan por sí solos y revelan que hubo muchos votantes a favor de la empatía madrileña de Ayuso (que ayer acudió al hospital a interesarse por la salud de Gabilondo) pero también muchos votantes en contra de Sánchez y de su ‘sanchismo’ Frankenstein.

Y cuidado, porque el tal Ábalos después de la Ejecutiva Federal del PSOE, anunció la convocatoria de primarias del PSOE de Andalucía para el 13 de junio en contra del criterio de la secretaría general del Sur Susana Díaz. La que acata la decisión, que le fue ocultada, advirtiendo que será candidata y exigiendo que las primarias se celebren con transparencia y ‘sin empujones’.

A Gabilondo Sánchez y su equipo electoral de Moncloa lo sometieron a una insufrible presión de cambios de discursos ajenos a su criterio, personalidad y moderación. Todo ello incluyendo grandes dosis de agresividad. La misma que Sánchez está utilizando en Andalucía contra Susana Díaz donde el Presidente ha presentado de candidato al alcalde de Sevilla, Juan Espadas.

Aunque en Andalucía, como le ha ocurrido en Madrid, Sánchez se puede equivocar porque Susana Díaz es dura de pelar y aunque pierda le puede abrir a Sánchez en el partido y ante la opinión pública una inesperada crisis de trascendencia en las distintas federaciones del PSOE.

Una Susana Díaz que perdió en 2018 el Gobierno de Andalucía en favor de la coalición del hoy presidente Juanma Moreno del PP y Juan Marín de Cs, y que se resiste a abandonar el liderazgo del PSOE andaluz. Desde donde, sin hacer mucho ruido, Díaz lidera y representa a los barones y dirigentes del PSOE contrarios al Gobierno y los pactos Frankenstein de Sánchez con UP, ERC y Bildu.

Y cuidado con Pablo Iglesias porque ya hay quienes están considerando la posibilidad de que el líder en fuga de Podemos esté meditando un plan para llevarse a Sánchez a su tumba política.

El que empezó con su bronca teatral en la SER para provocar la crispación de la campaña de Madrid y hundir a Gabilondo y al PSOE, lo que logró. Y el que puede continuar pronto con la ruptura del Gobierno de coalición con el  argumento de los ajustes sociales y fiscales que Sánchez ha presentado en Bruselas ante la UE.

Y si hay ruptura de la coalición de Gobierno habrá elecciones generales en cuestión de meses y, en las actuales circunstancias, un riesgo serio de que Sánchez pierda el poder. Mucho habló Iglesias de amenazas con balas en la campaña electoral pero ‘la bala de plata’ que puede terminar con la carrera política de Pedro Sánchez la tiene él.