Que vengan los rusos

Cabe esperar que el realismo de los hechos y las instituciones así como el sentido común de la ciudadanía se impongan a los errores e incapacidad de muchos de nuestros políticos. Y cuando decimos nuestros, hablamos de los españoles y europeos, una vez que el mando sanitario continental en la UE está en manos de la Comisión Europea.

La que ha fracasado de manera estrepitosa en la gestión de las vacunas, lo que podría costarle el puesto a la presidenta Ursula Von Der Leyen si no fuera por el reciente e intolerable desprecio político y a la vez machista del presidente turco Erdogan que le negó en Ankara a Von Der Leyen un asiento de igual a igual, como el que le ofreció al presidente del Consejo de la UE, Charles Michel, en una reunión oficial, lo que Michel tampoco debió aceptar.

Lo que no quita para denunciar que la gestión de la Comisión Europea sobre las vacunas ha sido y es un desastre, como se aprecia a diario con continuo cambio de criterio, por ejemplo con la vacuna AstraZeneca que ahora se va a prohibir para las personas menores de 60 años.

Y todo esto cuando en los últimos días nos hemos enterado que Macron y Merkel han hablado con Putin sobre la posible incorporación de la vacuna rusa Sputnik V a la UE.

Lo que ya han hecho, por su cuenta, naciones como Hungría o Polonia que están vacunando con Sputnik V, o como acaba de anunciar que también lo hará la región de Baviera desde el corazón mismo de Alemania, la patria de Von Der Leyen que sigue sin encontrar el camino más recto.

Y nos parece bien que la Comunidad de Madrid haya explorado la compra de vacunas rusas -diga lo que diga el periódico sanchista- porque está claro que la UE la acabará incorporando la Sputnik V a su lista de vacunas. Sobre todo ante las dudas y temores que provocan las dosis de AstraZeneca.

Y esto que está ocurriendo en la UE, y en España especialmente, no solo es un desastre sanitario en el que hay miles de vidas en juego, sino también un desastre económico y social porque los retrasos de la vacunación destrozan (las vacaciones de verano están en el alero mientras crece la cuarta ola de la pandemia) la economía de los países más afectados por la pandemia, como es el caso de España.

Y ello a pesar de lo que ha dicho y prometido el presidente Sánchez en su último ‘aló presidencial’, más electoral que verdadero. Aunque si es verdad que la cuestión sanitaria está en el centro de la batalla electoral de Madrid donde la candidata madrileña -teledirigida por MAR- juega a ser la ‘David Ayuso’ frente a ‘Goliat Sánchez’.

Un Sánchez que ha forzado tanto su apuesta de éxito sanitario que, lejos de generar confianza en su candidato Gabilondo, provoca más preocupación. Porque con su impostado optimismo ofrece la impresión de que Sánchez no cree las encuestas del CIS de Tezanos. Y con razón porque en Moncloa si sabrán cuáles son los verdaderos resultados del sondeo madrileño del CIS.

Y no estamos diciendo que Ayuso -que huye de los debates televisados, solo quiere uno, por temor a sus carencias- sea la ‘Tatcher de Chamberi’ o algo así, que sin duda no lo es. Ni está en condiciones de presumir de éxitos sanitarios -aunque si puede presumir de salvar bares y restaurantes- vista la cruel hecatombe que arrasó las residencias de ancianos de Madrid bajo su presidencia.

Lo que estamos diciendo es que nuestros políticos españoles y europeos no están a la altura de las circunstancias y además no dicen la verdad. Y en lo de las vacunas llevan un retraso infinito y deberían de actuar con eficacia y celeridad. De manera que si son necesarias las vacunas rusas pues en ese caso que vengan ya. ¡Que vienen los rusos! se decía en los tiempos de ‘la guerra fría’, pues en este caso que vengan ya.