Iglesias, el profeta y nuevo Savonarola

Quien pretenda comprender los verdaderos motivos de la salida de Pablo Iglesia del Gobierno de coalición de Pedro Sánchez debería saber que su relación con el Presidente Sánchez estaba prácticamente rota, por lo que el líder de Podemos temía su cese y el de los ministros y los cientos de altos cargos de dirigentes de UP colocados en el Gobierno y empresas públicas.

Y en esas circunstancias decidió marcharse para salvar a sus ‘colocados’ e iniciar una nueva etapa de su vida pública y política regresando a la que es su verdadera vocación: ¡Profeta! y predicador. En realidad Iglesias ejerce de nuevo Savonarola de la política española. Y en ello anda de nuevo tras llegar a la campaña electoral madrileña como salvador de su partido que podía caer en el mismo precipicio del 5 % de los votos donde parece estar Cs.

El ¡Profeta! Iglesias ha vuelto por donde solía y por donde le place. Porque la política profesional y la gestión pública le aburren soberanamente. Y porque sabe Iglesias, como lo ha comprobado durante un año de vicepresidencia en el Gobierno, que en un democracia liberal y europea como lo es la española -por mas que él reniegue de todo- sus prédicas y sus programas máximos son quimeras, irrealizables.

Y, aunque Iglesias ha tocado con la punta de sus dedos el cielo redentor del poder, al final ha decidido regresar a la tierra. Y lejos de oropeles del poder -la fama la mantiene y la necesita para predicar- que lo estaban convirtiendo en miembro destacado de ‘la casta’.

La misma casta que Iglesias denunció en sus inicios políticos para obligar a los poderosos y oligarcas perder sus privilegios y quemarlos en la ‘hoguera de las vanidades’. Como la que promovió Savonarola a mediados del siglo XVI, y en la que acabó ardiendo, tras su excomunión, él profeta dominico e implacable predicador, incluso contra el Papa de Roma.

No hay sino escuchar las nuevas prédicas de Iglesias en esta campaña de Madrid para saber que ahora está feliz, acusando a la derecha madrileña de atacar a sus adversarios ‘con palos de golf’ (sic). Y para entender que el jefe de Podemos, que también deja su escaño en el Congreso y no permanecerá en la Asamblea de Madrid, ha vuelto a su verdadera vocación de Profeta que anuncia el fin de la España democrática, europea y liberal.

El final que Iglesias intentó agilizar desde el Gobierno y fracasó. Y no porque Pedro Sánchez fuera abanderado del Régimen de la Transición que desde luego no lo es. Sino porque Iglesias -como Sánchez- se topó con el Estado, las instituciones, la Constitución, la legalidad y la Unión Europea.

Como ambos se toparon con la pandemia y la crisis económica y social de la que Iglesias huye como alma que lleva el diablo dejando en evidencia su pretendido y falso compromiso social. No en vano en sus más de 14 meses de gobernante, con cerca de 150.000 muertos españoles y cientos de miles de enfermos a este ex vicepresidente de Asuntos Sociales no se le vio en un hospital, ni en las residencias de ancianos, ni en las colas del paro, ni en las de reparto de las comidas de la caridad. Y para colmo cometió la infamia de comparar al delincuente Puigdemont con los exiliados de la II República.

Pero si continúa por esos derroteros y diciendo tamaños disparates al final, más que un profeta, Iglesias acabará siendo un feriante que, como la falsa moneda de mano en mano va como ahora con sus prédicas va de barrio en barrio de Madrid. Aparentemente a palos con la derecha, aunque todo el mundo sabe que es a Errejón -su otrora amigo del alma- a quien de verdad Iglesias pretende machacar.