Iglesias se va del Gobierno sin herencia relevante

Lo único relevante que ha hecho Pablo Iglesias tras su paso por el Gobierno de España ha sido dimitir después de 14 meses y medio de vicepresidente segundo del Ejecutivo. Cargo en cuya gestión ha pasado desapercibido salvo cuando declaró que ‘España no es una democracia plena’, o cuando comparó al prófugo Carles Puigdemont con los exiliados de la II República.

Nada más hay que destacar en su acción como Vicepresidente de Asuntos Sociales salvo su irresponsable ausencia en la crisis sanitaria y de especial manera cuando se produjeron miles de muertes de ancianos en residencias de la tercera edad.

Un grave acontecimiento del que se inhibió sin tomar la iniciativa nacional, con el argumento de que las competencias de la residencias de la tercera edad eran de las CC.AA. Y por supuesto a Iglesias no se le vio visitando ni una sola residencia de ancianos y ni un solo hospital. O visitando las colas del paro y y las del reparto de comida a las personas más necesitadas.

Dirá Iglesias que si influyó en políticas sociales y de igualdad, pero se va sin arreglar lo de los alquileres, las pensiones y la reforma laboral y puede que, en el plano político, lo más relevante de su actuación su mediación con Bildu y ERC para aprobar la investidura de Sánchez y los PGE de 2021. Pero se va sin los indultos a los golpistas catalanes por los que tanto apostó.

En realidad Iglesias ha sido un ‘paseante’ por el Gobierno. Y tampoco ha causado el menor impacto internacional o inquietud en poderes económicos a pesar de que su aparente radicalidad, sobre todo verbal, provocó cierta inquietud en esos ámbitos cuando asumió la vicepresidencia segunda del Gobierno.

Al principio se temió ‘un león’ y al final apareció ‘un ratón’, que ahora se va hacia las elecciones madrileñas para salvar su partido Unidas Podemos del riesgo de exclusión de la Asamblea de Madrid.

Y seguramente por otros motivos no confesados y puede que tan simples como que no ‘pintaba’ nada en el Gobierno y le aburrían soberanamente las reuniones técnicas de trabajo y lo que estuviera relacionado con la gestión.

Pero puede que Iglesias, que desde luego ha demostrado no tener apego al cargo y al poder, tenga otras razones políticas y personales en su marcha del Ejecutivo, que con el tiempo se irán conociendo.

Y a las que se añade su renuncia al escaño del Congreso de los Diputados, como renunciará también al escaño de la Asamblea de Madrid una vez que acaben las elecciones del 4-M.

Y camino hacia no se sabe donde -puede que no lo sepa ni él-, dado que también anunció que Yolanda Díaz será su sucesora en el liderazgo nacional de Unidas Podemos lo que implicaría que también dejará la secretaría general de Podemos cuando se celebre su IV Asamblea de Vistalegre.

Lo que sí ha hecho y muy mal Iglesias ha sido no despedirse del presidente Pedro Sánchez como debió hacerlo comunicándole personalmente su decisión y no por teléfono. Como debería despedirse del Rey Felipe VI tras haber liderado la parte minoritaria del gobierno de España de coalición.

Pero eso era mucho pedirle a este personaje que todavía esconde motivos de su marcha y objetivos de su próxima etapa si es que sabe a donde va, lo que también se podría dudar.