Cataluña a la deriva

Si está claro que hay problemas de estabilidad (además de económicos y sanitarios) en el Gobierno nacional tras la fuga de Pablo Iglesias, -que no rompe la baraja porque Podemos tiene colocados a cientos de dirigentes y militantes en la Administración-, en el gobierno autonómico de Madrid las cosas no están mejor.

Y en todo caso a la expectativa de lo que ocurra en las elecciones del 4 de mayo, cuyo resultado no está tan claro y seguro como lo piensa el PP tras la irrupción de Iglesias en Madrid y la crisis de Cs.

Pero si hablamos de Cataluña veremos que en esa Comunidad Autónoma la situación política es pésima y la económica y social desastrosa mientras la ciudadanía sigue rota en dos mitades, lo que el nacionalismo soberanista se niega a arreglar.

Peor, porque tras los comicios pasados del 14-F se abrió una oportunidad de encuentro entre el PSC y ERC que ha sido desechada por ERC porque el preso Oriol Junqueras solo piensa en vengarse del Estado español tras el estrepitoso fracaso del golpe de Estado que él lideró de ridícula y errática manera en 2017.

Mientras tanto el candidato de ERC a la investidura Pere Aragonés todo lo que ha conseguido es un pobre pacto con un partido anti sistema, la CUP, y la abstención de JxC. Lo que significa que Aragonés solo tiene 42 escaños de los 68 de la mayoría absoluta por lo que su primer intentó de investidura de este viernes fracasará, y tendrá que esperar al próximo martes a ver si logra al menos una mayoría simple.

Naturalmente, el nuevo proyecto de gobierno soberanista va a empeorar la crisis política y económica catalana, país del que huyen las empresas y los inversores y donde sube el paro y aumenta la inseguridad ciudadana tras los últimos brotes de violencia registrados en Barcelona.

Si en España no se ven hoy día estadistas para abordar la grave situación del país y conseguir un pacto de estabilidad entre PSOE y PP como sería necesario, en Cataluña ni siquiera hay gobernantes regionales capaces de diseñar una hoja de ruta hacia la reconstrucción política, ciudadana y a la vez económica y social de este territorio.

Lo que es peor, en medio de la pandemia y la crisis económica desde ERC se anuncia otro referéndum ilegal como el de 2017, lo que constituye otro desafío al Estado que si lo llevan a cabo lo perderán.

Desde luego el tal Aragonés no tiene ni por currículum ni por su trayectoria política el nivel adecuado para abordar la crisis catalana, y actúa como una marioneta del preso Junqueras, de la misma manera que Artadi lo es del prófugo Puigdemont.

Y todo ello mientras la presidenta del parlamento regional Laura Borrás está a la espera de un juicio por malversación en el que ya se conocen pruebas suficientes como para saber que la van a condenar. Y esta es la troika de la actual cúpula política catalana -que han votado los catalanes cómplices de esta situación- a la que se añaden como guinda los anti sistema de la CUP.

Y con estos mimbres espera el tal Aragonés, tras despreciar Junqueras un pacto con el PSC, conseguir su investidura a partir del próximo martes si finalmente el preso Junqueras consiente que el prófugo Puigdemont (dos delincuentes) asuma protagonismo en el próximo desafío al Estado.

Y esta y así de desastrosa es la situación catalana. La que han votado una mayoría de ciudadanos de esa Comunidad que por lo visto necesitan que Cataluña se hunda un poco más antes de darse cuenta de lo que ocurre y de empezar a reaccionar en favor de la unidad de los catalanes y del regreso a la normalidad democrática y la legalidad.